'The walking dead': guía básica para no perderte en la serie y por qué verla
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'The walking dead': guía básica para no perderte en la serie y por qué verla

La pandemia mundial de la COVID 19 ha puesto patas arriba la producción de The Walking Dead. Con la décima temporada en emisión a falta del último capítulo previsto para octubre, la cadena AMC ha decidido darle seis capítulos más. Por lo que el estreno de la temporada 11 no se espera hasta el año que viene. 

Por David Martín - 18 Aug 2020

La crisis del coronavirus irrumpió de lleno en la producción de series y a los fans de The Walking Dead les dejó sin el capítulo final de la décima temporada. Finalmente A Certain Doom ya tiene fecha de estreno: la madrugada del 4 al 5 de octubre. Sin embargo ya no será el último capítulo porque habrá seis capítulos más para dar por cerrada décima temporada. Por lo tanto, la temporada 11 no se espera hasta 2021.

Es la serie de los récords, de las audiencias millonarias. Pocos se han resistido a dejarse seducir por ese, digamos, encanto especial de los Caminantes. Pero si eres uno de ellos, aquí tienes unas pistas para engancharte a The Walking Dead.

No es la primera vez que un cómic inspira una serie mítica, eso está claro. Pero en un momento de hipercompetencia de plataformas, formatos y guiones, el éxito de The Walking Dead no es, ni mucho menos, una casualidad. ¿Por qué? Aquí te dejamos unas pautas para conocer la serie a fondo y acabar de convencerte de que pronto serás uno más de esa legión de 'zombiseguidores'.

Zombis sí, terror no

Lo primero que debes saber es que aunque sea una serie con muchos zombis, The Walking Dead no es una serie de terror. Se acerca más a un thriller, un drama con muchas, muchas, dosis de suspense. Y acción, sí, mucha. Y violencia, también.

Los personajes

De los 20 personajes importantes de la primera temporada, solo diez pertenecen a la historia original del cómic. El ayudante del sheriff, Rick Grimes (Andrew Lincoln) es sobre quien gira la historia de supervivencia en pleno apocalipsis. Pero, ojo, esto es un sálvese quien pueda.

La evolución de la serie es constante y eso implica que aparezcan nuevos personajes… Y desaparezcan otros. Nadie está a salvo, no te encariñes demasiado con ninguno… Porque la muerte acecha a la vuelta de la esquina.

Además, no estamos ante una huida constante. Los personajes tienen tiempo para desarrollarse, para mostrarse. Lo posibilita una narrativa audiovisual que permite que surjan conflictos que se entrelazan con la trama principal. Eso también origina que ni los buenos sean siempre buenos, ni los malos, malos.

El virus

En otras historias de zombis, lo normal es que estos aparezcan casi por arte de magia. En The Walking Dead, no. Los caminantes (así se les llama a los muertos vivientes) lo son por los efectos de un virus. Queda claro desde la primera temporada, casi desde que Grimes despierta del coma con el que arranca la acción. Como también queda claro que todos, antes o después, acabarán sufriendo sus consecuencias.

Los efectos especiales

Una escena del episodio 16 de la décima temporada
Una escena del episodio 16 de la décima temporada / FOX

No vas a tardar en acostumbrarte a la sangre, a las vísceras, a la muerte. Incluso puede que consigas percibir el hedor. Incluso te entrarán ganas de meterte en la acción y destrozar a los malditos caminantes, o a los susurradores… En buena medida es debido al realismo que consiguen unos efectos especiales premiados hasta la saciedad. Por ejemplo, los actores que dan vida a los caminantes grababan sin emitir ni un solo sonido; en postproducción se añadían los característicos ruidos al andar.

Tanto las caracterizaciones de los personajes como la evolución de los escenarios (ciudad, granja, prisión, pueblo… De todo un poco) hacen que el ritmo interno de la historia se intensifique. Es una serie, sí, pero la calidad es cinematográfica, sin duda.

El mensaje

Es, quizás, lo más interesante. Puede parecer, a simple vista, que la trama gira en torno a la huida de los supervivientes de sus perseguidores, los caminantes. Pero no. Probablemente lo de los zombis sea el mal menor. The Walking Dead nos habla del sentimiento que puede despertar en un ser humano el instinto de supervivencia. Un instinto que no es solo físico, sino también mental. De otra forma no se explica la capacidad de algunos personajes para ver morir a sus seres queridos y luego volver a matarlos con sus propias manos una vez convertidos en zombis.

La maldad, en muchas ocasiones, el egoísmo, la apatía y la indiferencia ante el mal ajeno. La capacidad para traicionar a los que más queremos a cambio de un beneficio, en este caso, la propia supervivencia, aun a sabiendas de que todos, todos, vamos a morir. Pero también hay atisbos de solidaridad, de sacrificio. Al final, son personas. Al menos una buena parte de ellos.

Incluso podemos apreciar una evolución de tintes políticos con el paso de cada una de sus temporadas. De cómo un grupo que va reduciéndose poco a poco se aferra a la democracia hasta dar paso a la tiranía, al autoritarismo de una especie de líder o caudillo al que agarrarse en una situación extrema como es un apocalipsis, buscando el camino a la salvación. Pero en The Walking Dead eso no sirve. Aquí, como hemos dicho, nadie está a salvo. No temas a aquellos que se arrastran casi por inercia, protégete de los vivos: ahí está la mayor amenaza.