Qué tiene 'Supongamos que Nueva York es una ciudad' para que todo el mundo hable de ella
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Qué tiene 'Supongamos que Nueva York es una ciudad' para que todo el mundo hable de ella

Casi sin promoción previa, Netflix estrenó hace unos días 'Supongamos que Nueva York es una ciudad', una docuserie bastante peculiar centrada en Fran Lebowitz, escritora, articulista, opinadora y, sobre todo, neoyorquina prácticamente de profesión. No parece el tipo de serie que amase un fenómeno masivo, pero está dando qué hablar más de lo que se podía prever.

Por Marina Such - 12 Jan 2021

En 2010, Martin Scorsese dirigió un documental, titulado Public Speaking, que recogía declaraciones sobre asuntos de lo más variopinto de su vieja amiga Fran Lebowitz, ensayista que se hizo conocida en los 70 por su columna de crítica de cine en la revista Interview y por dos libros de ensayos sobre la vida en una gran ciudad, Vida metropolitana y Social Studies. Cáustica, misántropa y de rápida inteligencia, su nombre se convirtió en sinónimo de la Nueva York de aquella década, en bancarrota y decrépita y, al mismo tiempo, repleta de actividad cultural y musical.

El director de El irlandés es amigo de Lebowitz desde aquellos años, aunque ninguno de los dos recuerde cómo se conocieron, y desde hacía una década tenía en mente continuar aquel documental de alguna manera. El resultado puede verse en Netflix; Supongamos que Nueva York es una ciudad es una serie de siete episodios en la que básicamente vemos a Lebowitz opinar sobre los temas que Scorsese y su socio en el proyecto, el guionista y productor Ted Griffin, le van planteando.

Los críticos estadounidenses se han sorprendido de que una propuesta así haya acabado en la N roja cuando su hogar parece más HBO, donde se emitió en su momento Public Speaking, y no es difícil estar de acuerdo con ellos. Entre los créditos sacados de una película de Woody Allen, las tajantes opiniones de Lebowitz y la manera en la que Scorsese las intercala con viejos documentales sobre Nueva York y hasta con escenas de películas suyas (como Jo, qué noche), resulta extraño que comparta categoría con Sobrevivir a la muerte o Tiger King.

Fran Lebowitz camina sobre una enorme maqueta de Nueva York.
Fran Lebowitz camina sobre una enorme maqueta de Nueva York.

Y, sin embargo, Supongamos que Nueva York es una ciudad ha ido generando tracción poco a poco desde su estreno el pasado fin de semana. Los columnistas de los diarios están hablando de ella y espectadores que desconocían la figura de Fran Lebowitz se han acercado con genuina curiosidad a sus capítulos. ¿Qué tiene la serie para haber generado a su alrededor la suficiente conversación como para destacar entre el enorme catálogo de Netflix?

Para empezar, es corta. Nunca hay que subestimar el poder de atracción de siete capítulos de media hora en una tarde perezosa de fin de semana. Y luego está la personalidad de Lebowitz. A lo largo de ellos va hablando sobre el dinero, lo caro que es vivir en Nueva York, la mitomanía alrededor de la ciudad en la década de 1970, su odio hacia el deporte, hacia los viandantes que no se fijan por dónde caminan, hacia el metro... Va dejando algunas perlas que, evidentemente, son carne de gif:

No hay nada mejor para una ciudad que un gran población de homosexuales cabreados.
En Nueva York hay millones de personas y la única que mira por dónde va soy yo.
¿Tienes calefacción? Eso era algo que encontraba tremendamente atractivo. De repente, esa persona se transformaba en una joven Brigitte Bardot.
Si puedes comértelo, no es arte.
¿De qué sirve tener un avión privado si va más gente en él?
Creo que es increíble que exista una frase como placer culpable. A no ser que tu placer sea matar gente.

Cada una de estas frases va acompaña invariablemente por la risa de Martin Scorsese, que acaba siendo uno de los aspectos más destacables de la serie. Al director no le importa que se vea que disfruta charlando con Lebowitz y hasta aparece él delante de la cámara cuando ambos buscan en la Biblioteca Pública de Nueva York información sobre los orígenes en Italia de la familia de Scorsese.

Martin Scorsese y Fran Lebowitz.
Martin Scorsese y Fran Lebowitz.

La mano del cineasta también se aprecia en Supongamos que Nueva York es una ciudad, más allá de sus alegres carcajadas. Sus documentales siempre han transitado caminos un poco distintos a los habituales del género, desde Italomericano, en el que retrataba a sus propios padres, hasta Rolling Thunder Revue, su segundo documental sobre Bob Dylan.

En este caso, las declaraciones de su protagonista se intercalan con imágenes de archivo de Nueva York que ilustran los temas sobre los que están hablando. Hasta se incluye la famosa escena del vals de El gatopardo en uno de los últimos episodios. Así, la unidad temática de cada capítulo queda más clara y tenemos pequeños respiros de la presencia constante de Lebowitz que tampoco vienen mal. Y se refuerza el que es el tema más atraviesa toda la serie: que ambos adoran Nueva York aunque, a veces, le digan que se muera como hizo el presidente Gerald Ford cuando se declaró en bancarrota.