Succession: ¿Es la mejor serie del año?
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Succession: ¿Es la mejor serie del año?

Puñaladas, niños ricos, un imperio mediático al más puro estilo Trump o Murdoch y una familia odiosa. Así es Succession, una serie que no deja de coleccionar elogios tras una segunda temporada triunfal en HBO. Estas son las razones.

Por - 13 Jul 2020

Si tomamos como punto de partida El Rey Lear, Juego de Tronos y Billions y las hacemos converger en un punto, probablemente el resultado sería Succession, que se ha confirmado en su segunda temporada en HBO como una de las series imprescindibles del panorama tragicómico actual.

Porque sí, Succession es una tragicomedia plagada de millones de dólares, intereses cruzados entre miembros de una misma familia, puñaladas aquí y allá y un 'emperador' mediático (Logan Roy, interpretado por Brian Cox) tan carismático y tenaz como ácido, autoritario y hasta cruel con sus empleados y sus propios hijos. La trama gira en torno a su sucesión al frente de su imperio mediático y, si bien la primera temporada ya acaparó algunos elogios, ha sido la segunda la que ha supuesto un espaldarazo definitivo.

Una familia odiosa

“Mira, te voy a decir cómo es ser rico, ¿vale?. Es una puta maravilla. Es como ser un superhéroe, pero mejor. Haces lo que quieres sin que te pillen”. Cuando escuchamos una frase así, nuestra reacción más probable sea la indignación, la incredulidad e incluso el odio. Se la dice Tom (Matthew Macfayden), pareja de la hija de Logan Roy, a Greg, otro de los secundarios. Los Roy son así, odiosos. Una panda de adinerados sin escrúpulos, podridos, por encima del bien y del mal, con inexistentes nexos de unión entre ellos más allá que el hecho de heredar el imperio del patriarca, más si cabe después de sufrir éste un infarto cerebral. Pero todos ellos encajan armoniosamente en una lucha encarnizada por el poder, más trágica que cómica, pero con notables dosis de humor.

succesion escena de familia
succesion escena de familia

Personajes complementarios

Un patriarca tirano, pero humanizado por su edad, su enfermedad y su esfuerzo para levantar su imperio. Un hijo (Kendall, Jeremy Strong) que se ha preparado toda la vida para relevarle pero al que su padre no ve preparado; otro, Connor (Ala Ruck) cuya inutilidad es maquillada con dinero; un tercero, Roman (Kieran Culkin), sarcástico, díscolo y banal; y la predilecta de papá, Shiv (Sarah Snook), huida del sector mediático pero nada ajena a él desde su posición de importante asesora política. De hecho, su pareja, Tom (Matthew Macfayden) trabaja en la empresa familiar. Mejor dicho, cobra de la empresa familiar. Su labor es besar por donde pisa el patriarca y salvar el tipo cuando puede. Una amalgama de caracteres tan execrables como identificables.

Un patriarca tirano, un primogénito ambicioso, un vástago inútil, un hijo díscolo y la niña de papá completan la familia Roy

La satisfacción del mal ajeno

Ver a los ricos y soberbios caer nos gusta a todos. Comprobar que, a pesar de unas cuentas corrientes a rebosar, la felicidad es una quimera. Observar la decadencia, el hecho de asomarse al precipicio, de vivir en los límites de lo humanamente aceptable… Cada capítulo de Succession descubre cómo los ricos también lloran, y mucho. Y se traicionan, mucho más. Incluso entre hermanos con muy mala leche.

Jeremy Strong - Kendall Roy en Succession
Jeremy Strong - Kendall Roy en Succession

Una trama que crece

Desde el 'golpe de estado' infructuoso de Kendall por echar a su padre de la poltrona del imperio a los caprichos de 'niño de papá' de Roman, pasando por algunos asuntos con los estupefacientes como protagonistas, la carrera política de Shiv en un polo absolutamente contrapuesto a su padre o la aparición de personajes secundarios como la pareja de la propia Shiv o el primo Greg y su aparente despiste para todo. Una trama que va a más en la segunda temporada, más ácida, más cruel, más tóxica y más oscura. Su reconocimiento por parte de la crítica, Globo de Oro a la Mejor Serie Dramática logrado por delante de 'Killing Eve' o 'The Crown', hace que la expectación sea cada vez mayor: la tercera entrega debe corroborar que estamos ante una heredera moderna para la mítica ‘Juego de Tronos’.