Tres razones por las que dejarse llevar por el misterio de 'El desorden que dejas'
Netflix
Tres razones por las que dejarse llevar por el misterio de 'El desorden que dejas'

El gran estreno de Netflix esta semana es 'El desorden que dejas', un misterio ambientado en un pueblo de Galicia que engancha por los paralelismos que se establecen entre sus dos protagonistas, interpretadas por Bárbara Lennie e Inma Cuesta. Sus propios protagonistas nos dan varias razones para adentrarse en la serie.

Por Marina Such - 11 Dec 2020

La próxima serie que pusiera en pie Carlos Montero, cocreador de Élite, iba a llegar en medio de bastante expectación. Que Montero optara por adaptar su propia novela lo situaba en territorio más o menos familiar, sobre todo porque está situada en su Galicia natal y transcurre, otra vez, en un instituto. Sin embargo, aunque hay un misterio, una muerte y adolescentes implicados, el tono de El desorden que dejas no puede ser más diferente al de Élite.

Sí hay revelaciones y cliffhangers para acabar los episodios, pero la miniserie quiere explorar el peso de la ausencia, cómo se sigue viviendo con la consciencia de que hay un hueco imposible de llenar en el lugar que antes ocupaba una persona que querías y que se ha ido para siempre. Y cómo se sigue adelante cuando el fantasma de esa persona aún arroja una sombra muy alargada sobre quienes vengan detrás de ella.

La intersección del misterio y la exploración del duelo es lo que otorga a El desorden que dejas su identidad, pero hemos querido que sean sus propios protagonistas los que nos den tres razones para que le demos una oportunidad a la serie, que se estrena hoy en Netflix.

Los giros del thriller

Inma Cuesta y Tamar Novas son un matrimonio con bastantes problemas.
Inma Cuesta y Tamar Novas son un matrimonio con bastantes problemas. / Jaime Olmedo-Netflix

"Un buen thriller es honesto en la manera en la que te dosifica la información pero no traiciona la realidad". Esa definición que hace Tamar Novas, que interpreta al marido del personaje de Inma Cuesta, se ajusta a la manera en la que la serie va desenredando la madeja que une a todos los personajes. Estos, además, guardan todos sus propios secretos y se genera un tira y afloja entre sus esfuerzos por mantenerlos ocultos y los de otros por descubrirlos.

Los que tenía Viruca (Bárbara Lennie) son los que impulsan la acción porque acaban tocando a Raquel, su sustituta en ese instituto de pueblo y la que, poco a poco, acaba siguiendo sus pasos, y esos secretos surgen, en parte, de los esfuerzos de ella y su marido por construirse una vida que no es del todo real. Como explica Bárbara Lennie, "ellos no parten de una posición privilegiada, sino que se la construyen. Tienen el deseo de vivir como viven. Evidentemente, viven por encima de sus posibilidades, viven una vida que no corresponde a la de unos profesores de instituto en un pueblo como Novariz. Han invertido, y han invertido mal, han heredado, han utilizado el dinero de otros para llevar una vida que es la que creían que querían, o por lo menos, Viruca".

El retrato de los adolescentes

Arón Piper, Isabel Guerrero y Roque Ruiz, los tres jóvenes principales.
Arón Piper, Isabel Guerrero y Roque Ruiz, los tres jóvenes principales.

Arón Piper ya había trabajado con Montero en Élite, pero aquí da vida a alguien que podría verse como el villano, si no fuera porque siempre hay destellos en él de que oculta también un oscuro secreto que está empezando a ser excesivo para él. Piper afirma que, efectivamente, había que manejarse en un equilibrio complicado para que Yago no fuera únicamente "el malo", algo que, para Montero, también está ahí desde el casting: "Arón no tiene esa aura de villano".

Junto con Piper encontramos a dos actores que dejan una grata impresión, Isabel Guerrero y Roque Ruiz, que dan vida a los ex alumnos de Viruca que, quizás, saben más sobre lo que le pasó de lo que afirman. A lo mejor hasta saben más sobre lo que empieza a ocurrirle a Raquel. En el retrato de estos adolescentes "hay mucha verdad", como apunta el intérprete de Yago.

La ambientación

La serie se rodó en parajes naturales de Orense.
La serie se rodó en parajes naturales de Orense.

Novariz es un pueblo ficticio, construido en parte tirando de localizaciones de diferentes sitios, pero su instituto existe de verdad. Es el de Celanova (Orense), donde estudió Carlos Montero. Los bosques de los alrededores, las aguas termales, la especial luz gallega, la piedra de las edificaciones... Todo eso contribuye a crear esa atmósfera de pueblo pequeño en el que todos se conocen.