'Penny Dreadful' y los monstruos como excusa para hablarnos del mayor monstruo de todos: el ser humano
Amazon Prime
'Penny Dreadful' y los monstruos como excusa para hablarnos del mayor monstruo de todos: el ser humano

Es el miedo más primario. Desde que somos niños hay nombres que con solo pronunciarlos provocan terror: El hombre del saco, Drácula, El coco... y así podríamos seguir hasta cansarnos. Hay monstruos de muchísimas clases y el universo de las series tiene para aburrir. Pero debajo de esos terrores tan viscerales, se esconde un mensaje que se repite con frecuencia: el mayor monstruo de todos somos nosotros mismos.

Por Israel Alejandre Carbajo - 29 Oct 2020

Dentro de la política de nutrir su catálogo con series de lo más variopinto, Starzplay cuenta desde hoy con las tres temporadas de Penny Dreadful. Una serie "con monstruo". Bueno, más de uno. Pero no nos referimos a los monstruos que asustan. Los peores son los que nos cruzamos día a día por la calle. Esta serie, y otras muchas de las que se denominan "con monstruo" disfrazan sus tramas de terror y sustos para contarnos algo que nos da mucho más miedo que los propios seres sobrenaturales: el ser humano.

Drácula, el Hombre Lobo, Frankestein, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde... todos los monstruos de siempre están en Penny Dreadful, pero tratados como nunca. Ambientada en el siglo XIX y protagonizada por Eva Green, Timothy Dalton y Josh Harnett, esta ficción nos enseña que los monstruos son el reflejo de los vicios de una sociedad que está avanzando gracias a la Revolución Industrial.

Lo más fácil es odiar y temer a un monstruo. En 'Penny Dreadful' muy pocos se molestan en comprenderles o de ponerse en su piel

Pero, por otra parte, la misma sociedad que trata de avanzar, sigue ordenada y subyugada por una moral victoriana que lo único que pretende es esconder los vicios y horrores del ser humano. Y esos horrores están presentes en los monstruos. Muchos de ellos víctimas de una sociedad que margina al diferente y no hace ningún esfuerzo por comprenderles y, mucho menos, amarles. Porque los monstruos siempre son los incomprendidos pero... ¿Qué pasa cuando los incomprendidos son los que los cazan?

Buffy cazavampiros

El reparto inicial de 'Buffy cazavampiros', una de las primeras en aunar monstruos, hormonas y un subtexto mucho más complejo.
El reparto inicial de 'Buffy cazavampiros', una de las primeras en aunar monstruos, hormonas y un subtexto mucho más complejo.

Ahora que está viviendo una segunda juventud gracias a Amazon, refrescamos a todos aquellos vampiros y monstruos de Sunnydale que suponían una mera excusa para hablarnos de lo difícil que era en los 90 (y lo sigue siendo) ser adolescente y madurar. Porque aunque en Buffy cazavampiros haya ajo, dagas y agua bendita, los que nos importan de verdad son Buffy, Willow, Cordelia y compañía... aunque bueno... también nos importa Ángel, uno de los monstruos con alma de la serie. Un vampiro con alma, que no nos da miedo, sino pena por su su corazón atormentado.

Y no hay que perder de vista que a finales de los 90, tener una protagonista principal que no necesitaba de ningún caballero andante, que podía salvarse ella sola de los apuros en los que se viera metida, mientras averiguaba cómo narices ser una adulta fue una revolución. Y ojo, sin dejar de ser espontánea y divertida.

True Blood

Otra serie que aunque a priori quiere chuparnos la sangre no necesita pertenecer al género fantástico. Sí, los vampiros son importantes, pero no tanto como las relaciones entre los personajes, deformadas y golpeadas por el deseo, la sexualidad y el miedo a lo que pueda pasar.

Lo más sorprendente de todo es que True Blood se mueve con facilidad en registros muy opuestos: tan pronto es una comedia pasada de vueltas, como un auténtico culebrón con toques policíacos, como te mete un susto en el cuerpo que tarda en irse.

Territorio Lovecraft

Jordan Peele y J. J. Abrams quieren engañarnos con los engendros de H. P. Lovecraft, pero debajo de todas sus creaciones, está uno de los monstruos más aterradores de todos: el racismo. Y no hablamos del racismo social inherente en nuestra sociedad. Hablamos también del racismo del propio Lovecraft.

El racismo da más miedo que todos los monstruos de 'Territorio Lovecraft'

Sinceramente, el escritor no le tenía demasiado aprecio por razas que fuesen de diferente color que la suya. Le daba igual que perteneciesen al mundo real o al de sus propias creaciones. Así, Territorio Lovecraft enfoca y destaca un mensaje reivindicativo que se magnifica tanto como el tamaño de sus monstruos, porque precisamente, esa pátina de terror primordial lejos de perder fuerza o veracidad, al rodearse de monstruos fantásticos, adquiere una dimensión a la que sería imposible llegar de otra forma. Porque terrores, y series de terror hay unas cuantas, pero a poco que se escarbe en algunas de ellas... se encuentra petróleo.

La Familia Monster

'La familia Monster' mezclaron la comedia y los monstruos clásicos en una fórmula que fue muy adelanta a su tiempo.
'La familia Monster' mezclaron la comedia y los monstruos clásicos en una fórmula que fue muy adelanta a su tiempo. / Shutterstock

Y dejamos para el final a los monstruos menos terroríficos de todos. La Familia Monster nació a mediados de los años 60. Estamos hablando de una sitcom, sí, pero el mensaje interno era bastante similar a lo que muchas series de monstruos intentan hoy: su aspecto era una excusa para ponerles en situaciones cotidianas pero claro, al ser seres fantásticos, esa cotidianidad adquiere otra dimensión.

En 'La familia Monster' los raros son los vecinos, no los Monster.

Son, aparentemente, una familia de clase media, que intentan encajar en su barrio de la mejor forma posible, pero con el grave problema de que son todos monstruos y diferentes al americano de a pie. El esquema de La familia Monster era el de una comedia de contrastes entre su "normalidad" y la "normalidad" del resto de sus vecinos y, por ende, del resto de la humanidad. Les compadecían por su aspecto tan anodino, en un concepto que se puede resumir en lo siguiente: al final del día, los raros nunca somos nosotros.