'Nasdrovia' esconde mucho más que mafia rusa, vodka, blinis y kilos de risas frescas
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'Nasdrovia' esconde mucho más que mafia rusa, vodka, blinis y kilos de risas frescas

La comedia es uno de los géneros más complicados de escribir. Primero porque hacer reír es difícil. Muy difícil. Mucho más que hacer llorar y segundo, porque hay comedias que usan la risa para contar temas más serios, como en 'Nasdrovia'. Problemas que subyacen por debajo de las carcajadas y que, sin darte cuenta, se te quedan marcadas, te llegan.

Por Israel Alejandre Carbajo - 06 Nov 2020

Nasdrovia en ruso significa salud. Es su palabra para brindar. Y también es el restaurante más peligroso de Madrid. Como en toda buena comedia, se convierte en un lugar a evitar por puro accidente, por un cúmulo de situaciones cómicas.

Pero el cómo ese restaurante llega a ser lo que es, está provocado por una situación que no tiene nada de comedia: dos adultos que acaban de entrar en la cuarentena, que ven como están dejando atrás su juventud y se encuentran perdidos. Es el momento de hacer una locura para seguir diciéndose a sí mismos que siguen siendo jóvenes cuando ya no lo son.

Nasdrovia, la nueva serie de Movistar y The Mediapro Studio, trata de salirse de los convencionalismos de una comedia marcada por una crisis existencial: está la rotura de la 4ª pared por parte del personaje de Leonor Watling. Está la mafia rusa, que más que personajes maniqueos malos malísimos cuyo único propósito es ser malvados porque sí, son una parte capital de la trama y son personajes tan complejos y desarrollados como los dos protagonistas.

Y luego están los diálogos: mafiosos hablando de Juego de Tronos, de qué es lo que puede comer un celiaco y del algoritmo de Google... pero ¡ay, la crisis de los 40!. Ese tópico que aquí no tiene nada de eso. Es una forma de ponerle nombre a la caída en desgracia de dos personajes que hace tiempo han dejado de tener claro si hay un propósito en la vida. De hecho Juan (Hugo Silva) enmascara su adicción a los antidepresivos disimulándolos como espirulinas. Más claro el vodka, digooo... el agua.

Tiene pinta de que Boris les va a hacer la vida imposible a Leonor Watling y Hugo Silva.
Tiene pinta de que Boris les va a hacer la vida imposible a Leonor Watling y Hugo Silva.

Una comedia como Nasdrovia esconde de una forma genial un drama que subyace en el comportamiento de sus personajes. Porque Boris, también tiene su dramón... y no diremos cuál, mejor que lo veáis. La comedia que se escribe con mayúsculas esconde un mensaje que no deja ver a simple vista. Por ejemplo:

Muñeca rusa

A Natasha Lyonne la podríamos ver en bucle una, y otra, y otra, y otra vez. Hasta hartarnos literalmente. Justo lo que pretenden en Muñeca rusa donde, una treintañera muere incontables veces en la misma noche y siempre acaba retornando al mismo lugar, al baño de la fiesta de una amiga a ritmo de Gotta Get Up de Harry Nilsson.

'Muñeca rusa' esconde una reflexión sobre nuestros traumas, el legado familiar y los problemas mentales

Todas las veces que muere tienen un potencial innegable para hacernos reír. Así como todas las veces que intenta cambiar las cosas al saber lo que va a pasar pero le sale el tiro por la culata. El problema es que el tema se va volviendo cada vez más serio. Pero argumento aparte, Muñeca rusa es también una reflexión muy seria sobre nuestros traumas, el legado familiar y los problemas mentales.

Fleabag

Hay mucho de comedia en Fleabag. De comedia de la buena, pero no es "solo eso". Ni mucho menos. Las desventuras amorosas, sexuales y familiares de una mujer londinense (Phoebe Waller-Bridge) dan para muchos momentos delirantes, pero en el centro de sus locuras también hay un trauma, una pérdida y un fuerte sentimiento de culpabilidad.

Dead to me

En esta serie creada por Liz Feldman, conocemos a Jen (Christina Applegate), una viuda decidida a descubrir quién mató a su marido, y que conoce una mujer en la misma situación, Judy (Linda Cardellini). El dolor las une, pero los secretos que esconden pueden hacerlas enemigas irreconciliables. Hablamos de una comedia sobre la vida y un drama sobre la muerte, donde además se añaden toques de misterio para tenernos pegados a la pantalla.

Veep

Veep tiene muchísimo de comedia. De las que te hace soltar una carcajada de repente. Pero no hay que olvidar qué nos enseña esta serie. Porque si nos reímos es por puro contraste. El contraste entre una situación cómica en la que sabemos que hay más de verdad de la que parece. La política es un circo, y nunca fue más cierto que en esta serie.

El interior de la Casa Blanca se convierte en el escenario de una historia sobre una vicepresidenta con aspiraciones (Julia Louis-Dreyfus) y su equipo de incapaces, que lucharán por intentar convertirla en la mujer más poderosa del planeta. Pero hasta llegar ahí (si llega...) será una sátira feroz e implacable sobre el delirio que habitualmente reina entre los políticos y sus guerras de poder entre despachos.

Paquita Salas

Paquita...¡ay Paquita!. No hay nadie que no te quiera. Y tampoco hay nadie que no se haya reído con tus penurias. Porque en PS Management hay muchísima comedia de la buena. De esa que se genera por la pura tensión de situaciones vergonzantes, de confusiones y porque en este país, mal que nos pese, nos encanta reírnos del que lo pasa un poquito mal, pero que disimula ser el mejor en lo suyo pensando que con dignidad y el bagaje del pasado es suficiente para salir del atolladero.

Aunque Paquita Salas es muchísimo más. Si nos quedásemos solo en esto estaríamos siendo tremendamente simplistas. Porque, Paquita Salas, a medida que pasan sus tres maravillosas temporadas es, sobre todo, una historia de cómo sobreponerse al fracaso. De cómo aceptarse a uno mismo, de cómo superarse y del valor de la amistad. Porque Paquita, ella sola, vale mucho pero sin Magüi, Paquita es mucho menos Paquita.

Y ojo, que aquí hemos venido a reírnos, y con Paquita nos partimos de risa, por supuesto, pero como nos pasa con Nasdrovia, una cosa es la risa que está en la superficie y otra muy distinta lo que se oculta tras ella.