Las creadoras de 'Supernormal' explican por qué Patricia Picón somos todas: "Si normalizásemos las imperfecciones seríamos más felices"
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Las creadoras de 'Supernormal' explican por qué Patricia Picón somos todas: "Si normalizásemos las imperfecciones seríamos más felices"

Movistar+ estrena 'Supernormal', la comedia de Marta Sánchez y Olatz Arroyo, protagonizada por Miren Ibarguren que quiere derribar el mito de la superwoman del que tampoco escapan las ricas.

Por María G. Lomas - 06 Jul 2021

Miren Ibarguren es Patricia Picón, la protagonista de Supernormal, la nueva comedia de Movistar+ que llega el 9 de julio a la plataforma y sus creadoras, Marta Sánchez y Olatz Arroyo, nos reciben para contarnos quién es Patricia Picón y las claves de la serie, como puedes ver en el vídeo a continuación. "Es un poco la historia de todas. Patricia Picón encarna esa exigencia que tenemos de ser las mejores en todo, sin parar de trabajar estando en casa al 100% y que al final acabamos desquiciadas".

Y es que Patricia Picón no renuncia a nada, ni a su puesto de directiva en un banco de inversión ni a estar presente en casa siempre que su familia lo necesite, ya sean sus hijos, su madre o su hermana y eso le pasa factura porque se olvida de su bienestar. De hecho es ambiciosa y aspira a ser la jefa del sur de Europa sin importarle lo que tenga que hacer para conseguirlo y así superar a su máximo competidor, Mauro (Peter Vives). Y eso nadie dijo que fuera fácil.

Aunque eso sí, es más fácil con la cuenta bancaria rebosante, la ayuda en casa de Imelda (Usun Yoon) y de Marisol (Gracia Olayo) en el trabajo y la colaboración de un marido como Alfonso (Diego Martín) que no se siente amenazado por el éxito de su pareja. Porque, al final, como dice la guionista Marta Sánchez "los ricos también lloran". "Queríamos reírnos también de eso. Es verdad que es otra clase, nosotras hemos trabajado en Aída que es un universo que se ha visto más y queríamos probar otros y mostrar que no es oro todo lo que reluce".

La vida de Patricia Picón no sería igual sin Marisol (Gracia Olayo) y Alfonso (Diego Martín).
La vida de Patricia Picón no sería igual sin Marisol (Gracia Olayo) y Alfonso (Diego Martín). / Movistar+

Olatz Arroyo añade que "la cuestión de clase también pesa y que aunque no es lo mismo para una mujer rica que para una mujer pobre, como mujeres también comparten muchas experiencias. Está claro que la pobreza añade mucha desgracia a todo esto". Además, la clase viene marcada en este caso por la profesión de Patricia Picón, que es directiva en un banco de inversión. "Queríamos reflejar ese sector y la gente que trabaja en bancos de inversión tiene mucha pasta. Nos hacía gracia mostrar la exigencia extra que tiene trabajar en un mundo que funciona por objetivos y rodeada de tiburones".

Y es que de trabajar en un mundo de hombres saben mucho estas dos guionistas que tienen muchos años de carrera en ficciones como Aída, Allí abajo o El verano de mi vida. "Se están rompiendo barreras muy poquito a poco", afirma Marta Sánchez. "Nosotras llevamos mucho tiempo escuchando eso de que las mujeres no somos graciosas y hemos tenido que trabajar más, en las salas de guionistas con una mayoría de hombres tenías que alzar más la voz para que se escuchara un chiste. Conocemos a muchísimas guionistas muy graciosas pero hemos tenido que trabajar más para demostrar lo que ellos no tienen que demostrar", añade. Lo hemos visto recientemente con la polémica sobre las mujeres y el humor que ha evidenciado lo que ya intuíamos: a las mujeres se les exige un control de calidad que los hombres parecen tener superado per se.

Finalmente, la polémica ha servido para reivindicar a muchas profesionales. "Estamos demostrando que nos pertenece el espacio en el banco de inversión, el de la sala de guion de comedia el de tantos otros sitios”, apunta Olatz Arroyo. Por eso, Supernormal se ríe de esas barreras, de esos límites y de esa exigencia de perfección que impide la felicidad, aunque a su protagonista Patricia Picón le cueste asumirlo. "No es que nosotras nos exijamos, es que nos ponen delante unos roles a imitar que son muy exigentes", argumenta Arroyo. Y asegura que "si normalizásemos más las imperfecciones seríamos más felices".