A favor y en contra de 'El inocente', el adictivo thriller que está triunfando en Netflix
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A favor y en contra de 'El inocente', el adictivo thriller que está triunfando en Netflix

Las revelaciones y secretos del pasado de 'El inocente' parecen estar atrapando a los espectadores de Netflix, que la han subido hasta lo más alto de su top 10 de tendencias de la semana. Sin embargo, por cada opinión a favor hay una en contra de la serie, y hemos querido enfrentarlas.

Por Serielistas - 07 May 2021

'A favor del producto', por Alberto Rey

A Oriol Paulo siempre le acompañará una anécdota. O más bien una proeza: la de su película Contratiempo pasando desapercibida en España para convertirse en un éxito en China. Pero con su film siguiente, Durante la tormenta, ocurrió lo mismo, así que ni anécdota ni proeza: en el gigante asiático lo de Paulo gusta y funciona. Eso convierte automáticamente al director catalán en un peso pesado de la industria global y a El inocente, su serie para Netflix, en un proyecto comercialmente interesantísimo por definición. Una receta casi infalible que une a Paulo con el novelista Harlan Coben y con una estrella, Mario Casas, que si bien no es un rostro reconocible internacionalmente, en España sí que es buen argumento de venta. Porque de eso van las series y de eso van las plataformas: de vender productos.

El inocente es, como diría Risto Mejide, un buen producto. Uno que es muchas cosas y todas buenas para la plataforma: es “lo nuevo de Oriol Paulo” (y aquí el algoritmo nos recomendará sus otras películas), es “una serie adictiva” (link a otras adaptaciones de Harlan Coben) y es Mario Casas haciendo de Mario Casas. ¿Previsible? Su trama no, pero las sensaciones que despertará en el espectador, sí. Y de eso van también las series y las plataformas: de ofrecer a sus usuarios (perdón: espectadores) un refugio reconocible y garantizado. Que nadie espere de El inocente más sorpresas que las derivadas de su trama. Y que nadie dude de que el lineal “series parecidas a El inocente” existe, gusta y funciona. Como Oriol Paulo en China.

Alexandra Jiménez es una policía que investiga el pasado de Mat en 'El inocente'.
Alexandra Jiménez es una policía que investiga el pasado de Mat en 'El inocente'. / Quim Vives (Netflix)

A mí, El inocente a veces me produce risa. Si solo tiene en cuenta lo que veo en la plataforma, a mí Netflix nunca me la recomendará. Pero sería yo un iluso (y un poco un gilipollas) si pensase que la industria audiovisual internacional puede vivir de Nomadlands y The Wires. O si, simplemente porque a mí no me interesa y me parece una colección de lugares comunes, dijese que El inocente es una serie muy mala. Porque es un producto muy bueno.

'A la contra', por Elena Neira

El cine y la televisión siempre han recurrido a frases manidas que utilizan la popularidad como gancho para el público. ‘La serie española de Netflix que arrasa en todo el mundo” es tan solo una versión más de la misma fórmula, tan recurrente como imprecisa. El inocente se aferró a ese número 1 en infinidad de países (no solo los de habla hispana) como principal tarjeta de presentación. Semejantes cotas de popularidad, la infinidad de críticas positivas (a pesar de estar basadas en los tres primeros capítulos) y el atractivo del formato (miniserie, que ya sabemos que no estamos para compromisos largos) reducían las excusas para no verla a la mínima expresión.

Los misterios no funcionan si no empatizas con los personajes. Y esa es la gran lección de El inocente. El hilo que nos une a Mateo Vidal, un chaval con la vida rota por culpa de un accidente de fatídicas consecuencias, y al misterio de la desaparición de Olivia (su segunda oportunidad en la vida) es demasiado débil. La trama de personajes de los primeros capítulos rompe, de forma abrupta, el vínculo que se establece de manera muy clara con Mat en el primer episodio, el motor de nuestro interés. Empezamos viendo con claridad su conflicto (es buena persona, ha pasado por mucho y se merece ser feliz). Pero las subtramas se convierten en machetes que desvían nuestra atención hacia el misterio, rompiendo el nexo que nos hace tener interés de verdad en la historia. Es necesario querer con tanta intensidad que las cosas le salgan bien como descubrir qué le ha pasado y el primero de esos dos elementos se pierde por el camino.

Olivia es la otra gran pata del misterio de 'El inocente'.
Olivia es la otra gran pata del misterio de 'El inocente'. / Quim Vives (Netflix)

La trampa, la sorpresa y el misterio funcionan cuando de verdad temes por lo que le pueda pasar al personaje. Y en El inocente no consigue hacernos sentir la frustración y la impotencia de Mat y Olivia ante la infinidad de trabas que impiden que consigan sus objetivos. Aquí el frustrado de verdad es propio espectador, con un montón de piezas que no tiene interés en encajar. El reto de ensamblar el misterio languidece sin su implicación, y la serie deja de fluir hasta que interviene alguien que, con una palabra o un gesto, lo vuelve a poner todo en funcionamiento. La necesidad de esa mano invisible para poder continuar rompe todo el artificio. El inocente quiere ser muchas cosas y no consigue ninguna. Es el misterio que, sencillamente, te cansas de querer desentrañar y que esperas paciente y pasivamente a que te expliquen.