La serie favorita de Serielistas en enero: 'Supongamos que Nueva York es una ciudad'
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La serie favorita de Serielistas en enero: 'Supongamos que Nueva York es una ciudad'

Cada mes, uno de nuestros críticos recomendará la serie con la que más ha disfrutado en estas semanas. No tiene por qué ser la mejor, aunque en ocasiones, probablemente, coincidirá con ella, sino aquella cuyo visionado ha resultado más entretenido o satisfactorio. En enero, esa serie ha sido, para Alberto Rey, 'Supongamos que Nueva York es una ciudad'.

Por Alberto Rey - 04 Feb 2021

Fran Lebowitz habla por los codos. Y es una figura neoyorquina tan venerada, que ni la temeraria Lena Dunham se atrevió a referenciarla demasiado en Girls. La misma Dunham que convenció a Jenna Lyons para interpretar a su jefa. Lyons no es actriz y, de hecho, sus únicos créditos como tal son los de los tres episodios de Girls en los que participó. Fran Lebowitz tampoco se dedica a la actuación, pero ha salido en más sitios que la mujer que dirigiese J.Crew durante muchos años. La hemos podido ver en El lobo de Wall Street y en Ley y orden. Según Fran, debería haber un canal dedicado a emitir constantemente la serie de Dick Wolf. Llegó ella a esa serie como fan y mito. A El lobo de Wall Street lo hizo como amiga de Martin Scorsese. Y como mito también.

Con “Marty”, la Lebowitz se ha embarcado en Supongamos que Nueva York es una ciudad, una serie que más que documental es parlamental: ella hablando. Es una continuación extendida de otra colaboración entre el director de Casino y ella: la película documental (parlamental) Public Speaking. A sus gruñones 70 años, la autora vive más que del éxito de los textos que publicó (pocos y la mayoría en prensa), de su increíble carisma como oradora, mezcla de desvergüenza, ingenio, sarcasmo y una (intuida) nobleza muy particular. Escucharla es divertidísimo e hipnótico.

En Supongamos que Nueva York es una ciudad la vemos llegar una y otra vez al elegante club donde conversa con Scorsese. También pasear sobre la espectacular maqueta de Nueva York del Museo de Queens, una curiosa obra (note to self: visitarla en mi próxima visita a Nueva York) sobre la que Lebowitz se mueve cual diosa neoyorquina refunfuñante y capaz de medirse con Godzilla. Aunque si el monstruo japonés llegase a Manhattan, a ella probablemente la pillaría en casa.

Fran Lebowitz es el alma de 'Supongamos que Nueva York es una ciudad'.
Fran Lebowitz es el alma de 'Supongamos que Nueva York es una ciudad'.

Ironiza Lebowitz en Supongamos que Nueva York es una ciudad con el ensimismamiento del urbanita con su móvil. Ella es la única que se da cuenta de las cosas ahora, dice con retranca. Más que una queja o un lamento es la constatación de una realidad: pocas personas le sacan más partido a lo que ven, escuchan y leen que esta intelectual que recorre el mundo de auditorio en auditorio hablando de casi todo y respondiendo preguntas de todo tipo.

En uno de sus shows (¿podemos llamarlos así? ¿Podemos decir que Supongamos que Nueva York es una ciudad es un documental?) le preguntaron por sus botas. Ella respondió algo que era sobre sus botas pero también era sobre el mundo y también sobre la visión que ella tiene de él. Y así todo. En Netflix, a Fran la dividen en episodios más o menos temáticos, pero el tema que se lo come todo es ella misma. Su serie no es ni el primer ni el único sitio donde ella ha dicho cosas tan perfectas como “un libro no es un espejo, un libro es una puerta” y, creedme, escucharlo en directo es otra cosa.

O quizá no, quizá sea lo mismo pero cuando uno es fan de esta mujer, el solo hecho de estar con ella en la misma sala (en mi caso, el auditorio de la Casa de América de Madrid hace unos años) ya eleva la experiencia. Muchos de los que no entendían que mis amigos y yo echásemos una tarde de verano escuchando a una señora neoyorquina borde, después de ver Supongamos que Nueva York es una ciudad ya están poniendo en su lista de cosas que hacer “cuando todo esto termine” ver a Fran Lebowitz en directo. Si la función de la televisión es transportarte a sitios donde físicamente no puedes ir, esta serie puede presumir de que lo ha logrado. Te lleva a Nueva York. Y al interior de la cabeza de una de las personas más guays del mundo.