'Dinero negro' es un nuevo ejemplo de la prodigiosa salud que tienen las series europeas
HBO
'Dinero negro' es un nuevo ejemplo de la prodigiosa salud que tienen las series europeas

Europa ha dejado de ser el viejo continente, al menos, en lo que a producción de ficción se refiere. Las plataformas de streaming se han llenado de títulos europeos y 'Dinero negro', procedente de Rumanía, es el último que ha llegado a HBO. Una nueva apuesta por una 'desamericanización' de los catálogos causada por muchos factores.

Por David Martín - 22 Nov 2020

Dinero negro es la historia de un atraco a un camión blindado perpetrado por dos ladrones novatos. Quizás os suene el argumento y no solo por aquel robo de El Dioni sino porque es bastante recurrente entre la ficción americana. Pero no. En esta ocasión hablamos de una producción de marcado carácter europeo, que llega desde Rumanía a HBO este 22 de noviembre y que confirma la tendencia de las grandes plataformas de streaming de apostar por los productos creados en Europa.

"Obligados" a apostar

Allá por 2015 aterrizaba en España un fenómeno llamado Netflix, al que después seguirían HBO, Amazon Prime Video…etc. Digamos que a través de nuestros televisores teníamos acceso a una especie de videoclub y, para rellenar ese catálogo se vieron obligados a comprar series locales ya emitidas. Y eso no solo ocurrió en España, sino en todos los países europeos. Pero cinco años después, la situación ha cambiado por completo. Las plataformas, generalmente de origen estadounidense, se han convertido en actores principales de producciones y grandes coproducciones en Europa y la apuesta les está saliendo casi perfecta.

Cuando nacieron las plataformas de streaming se vieron obligadas a "rellenar" el catálogo con series locales ya emitidas

El primer motivo es el legal. Desde 2018, la normativa europea asegura que un 30% del catálogo de las plataformas debe ser, obligatoriamente, producto local, y que el 5% de las inversiones de estas empresas debe dedicarse a producir ese contenido. Un auténtico espaldarazo económico para la industria. Esto ha supuesto que directores, productores o actores de renombre en Europa e incluso en Estados Unidos hayan dejado aparcada momentáneamente la gran pantalla para apuntarse al boom seriéfilo europeo.

En España estamos viendo ejemplos como el de Álex de la Iglesia con la inminente 30 monedas, Paco León con Arde Madrid o Javier Calvo y Javier Ambrossi, que de triunfar con La llamada en las salas de cine pasaron a hacerlo con series como Paquita Salas o, más recientemente, Veneno. Por no hablar del napolitano Paolo Sorrentino que en The Young Pope y The New Pope fue capaz de poner bajo su dirección a gigantes de la interpretación norteamericana como Jude Law o John Malkovich.

La calidad, el gran motor

Ni antes se producían tantas series en Europa ni eran de tanta calidad. Es cierto que hay países cuya factoría de ficción tiene más tradición, como por ejemplo Gran Bretaña, con ejemplos con amplio recorrido como Downton Abbey o Broadchurch, y que se ha sacudido las telarañas que le quedaban con thrillers apasionantes como Bodyguard y otras que, si bien siempre han sido prolíficas, ha sido en los últimos años cuando han experimentado un auténtico subidón.

Hablamos de las series escandinavas, con la danesa Borgen como principal estandarte con un argumento plagado de intrigas políticas, o las alemanas, con Dark como enorme descubrimiento. Son producciones que han experimentado un notable incremento presupuestario a medida que avanzaba su historia y se ha notado en la calidad final. Porque sí, en Europa, y más concretamente en España, la producción audiovisual es mucho más barata que Estados Unidos, y esa es otra de las claves. Una cuestión de lógica: mismo presupuesto y condiciones más baratas dan la posibilidad de abarcar más recursos.

A vueltas con el contenido

Élite es una de las producciones españolas que mayor trascendencia ha tenido a nivel internacional. Y hay quien argumenta que ese éxito viene dado por la americanización de su historia: una serie adolescente con caras guapas y una línea argumental entretenida, entre el romance y el drama. Pero, precisamente, entre la lista de objetivos de las plataformas de streaming está el de evitar la homogeneización de contenidos. “Tenemos que buscar las mejores historias a lo largo del mundo y no siempre están en Hollywood”, dijo Reed Hastings, Director Ejecutivo y cofundador de Netflix en la inauguración del centro de producción situado en Tres Cantos (Madrid) hace poco más de un año.

Y esa línea, la de la búsqueda de historias originales, es la que le ha otorgado a la plataforma éxitos abrumadores como La casa de papel, un atraco completamente diferente a todos los que habíamos visto antes por estética y por narrativa y que se ha convertido en un auténtico fenómeno mundial hasta el punto de que sus actores han compartido espacio con estrellas de Hollywood para promocionarla.

O, más allá de nuestras fronteras, Suburra, una manera diferente de ver la relación entre el crimen organizado italiano, los políticos corruptos y hasta El Vaticano. Tras el éxito de sus dos temporadas anteriores, Netflix acaba de estrenar una tercera.

Las historias europeas venden. Y si además tienen algo de realidad, aún más. Patria es otro claro ejemplo. Con su apuesta, HBO internacionaliza el drama vivido en España con ETA. O Veneno, cuya expansión internacional llegará de la mano de HBO Max después de arrasar en España desde ATRESplayer PREMIUM contando la historia de Cristina Ortiz, La Veneno, icono televisivo contra la transfobia de los 90.

También Fariña, otro producto con personalidad propia que tras triunfar con el sello de Atresmedia se internacionalizó a través de Netflix, convirtiendo a Sito Miñanco en un competidor de Pablo Escobar. Incluso las series europeas se han atrevido a atacar en los últimos años un coto privado norteamericano: el terror. Les revenants (Francia, 2017) es el paradigma del miedo psicológico europeo. Como lo fue Marianne, otra producción francesa terrorífica alabada por el mismísimo Stephen King.

El fin de un monopolio, el estadounidense en la ficción de televisión, está cada vez más cerca. Europa ha llegado para quedarse. El éxito de sus primeros pasos avala lo que está por venir. Su plan de acción no está en mano de novatos, como ocurre en Dinero negro. El Viejo Continente pisa sobre seguro.