'Y: el último hombre', un postapocalipsis que busca su propia identidad
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'Y: el último hombre', un postapocalipsis que busca su propia identidad

De la noche a la mañana, una misteriosa enfermedad acaba con todos los seres vivos masculinos del planeta. Los únicos supervivientes, aparte de las mujeres, son Yorick y su mono. Con ese punto de partida, 'Y: el último hombre' está ante el reto de ofrecer un postapocalipsis diferente de los que estamos acostumbrados a ver.

Por Marina Such - 23 Sep 2021

El género distópico, en su vertiente postapocalíptica, es uno de los más populares en los últimos años. Ya sea por la sensación de que el mundo está constantemente al borde del abismo, ya sea por el enorme éxito de series como The Walking Dead, no han dejado de estrenarse proyectos en los que el planeta queda arrasado, o somos invadidos por los alienígenas, o una facción muy retrógrada crea una situación social de desigualdad y opresión extremas o un virus letal acaba con la mitad de la humanidad.

Con ese panorama, el estreno en Disney+ de Y: el último hombre bien podría parecer otra muesca más en el revólver del género. La primera escena de la serie nos muestra una calle neoyorquina vacía de gente, repleta de cadáveres y de coches estrellados. Casi esperamos que alguno de esos muertos se levante y empiece a perseguir al protagonista, ataviado con el uniforme clásico del fin del mundo: capa de agua, guantes y máscara antigás. Sin embargo, en la adaptación del cómic de Brian K. Vaughan y Pia Guerra, no hay cadáveres putrefactos caminando por las calles, sino algo más parecido a una mezcla entre The Leftovers y el reverso de El cuento de la criada: una sociedad que ha perdido a la mitad de su población y en la que los hombres ya no pintan nada porque han dejado de existir.

'Y: el último hombre' adapta un cómic de 2002 de Brian K. Vaughan y Pia Guerra.
'Y: el último hombre' adapta un cómic de 2002 de Brian K. Vaughan y Pia Guerra.

El cómic original se publicó en 2002 y, casi desde el principio, empezaron a surgir los rumores sobre posibles adaptaciones al cine. Que haya tardado tanto en cristalizar (hasta que aterrizó en FX) se debe a que lo que, en la superficie, es una historia muy simple de supervivencia, en el fondo toca multitud de temas. La mejor versión de esta serie sería similar a Orphan Black, que trataba asuntos de autonomía del cuerpo femenino, propiedad intelectual y privilegio bajo una aventura de ciencia ficción con clones. La peor sería la que se metiera en todos los jardines que abre su premisa sin saber qué hacer en ellos.

Es difícil juzgar si la showrunner Eliza Clark y compañía saldrán airosos solo por el arranque. Hay potencial en la evolución de Yorick, que empieza la serie siendo todavía un tipo inmaduro acostumbrado a que su hermana y sus padres lo saquen de cualquier apuro, y en la subtrama presidencial, que cuenta con una Diane Lane que es el nombre más conocido de todo el reparto. También se presenta con acierto a 355, esa misteriosa agente que acabará siendo una pieza fundamental en toda la historia, y a Hero, la hermana de Yorick.

El gran problema de Y: el último hombre no es cómo vaya a responder a las críticas que se hicieron al cómic de tener una perspectiva de género demasiado binaria y obviar a las personas trans, sino cómo va a conseguir distinguirse de todas las distopías que han llegado antes que ella. Las primeras secuencias retrotraen al paseo de Rick Grimes por aquella Atlanta arrasada, y es inevitable acordarse de la Partida Repentina cuando vemos morir de repente a todos esos hombres en la calle o en el Pentágono.

Ben Schnetzer es Yorick, el único superviviente del virus que ha acabado con los series vivos con el cromosoma Y.
Ben Schnetzer es Yorick, el único superviviente del virus que ha acabado con los series vivos con el cromosoma Y.

Las supervivientes tienen ante sí la tarea de mantener en marcha la sociedad o reconstruirla, y ahí empiezan a aparecer los grupos con visiones opuestas de lo que se debe hacer y, sobre todo, de si merece la pena encontrar una solución al problema que se cierne sobre la humanidad: cómo garantizar su supervivencia solo con cromosomas XX, y si eso es siquiera posible, o si se encamina directa a su extinción.

No obstante, Y: el último hombre arranca como una serie prometedora. Las peripecias de sus protagonistas son entretenidas y el camino que se abre ante ellos está repleto de posibilidades. La cuestión será si las aprovechan.