La segunda temporada de 'Ted Lasso' brilla cuando nos muestra su lado más introspectivo
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La segunda temporada de 'Ted Lasso' brilla cuando nos muestra su lado más introspectivo

La segunda temporada de 'Ted Lasso' ha ido de menos a más. Tras un inicio lento en el que se debatió si su éxito fue fruto de una temporada o tenía cuerda para más, concluye prometiendo guerra de cara a una tercera. Pero aún tiene cuentas pendientes.

Por Ignacio Parrón - 11 Oct 2021

Ted Lasso fue una de las grandes sorpresas del año 2020 con una propuesta que iba a contracorriente de lo que solemos encontrar hoy en día. El choque entre Estados Unidos y el Reino Unido, tanto cultural como deportivo, su humor de padre norteamericano arquetípico y el triunfo del buenismo y lo colectivo en un mundo cínico e individualista la convirtió en mucho más que en una "comfort series", nuestro nuevo happy place. Pero luego, ¿qué? La propuesta auguraba un estilo continuista que quería explotar la fórmula con la que había conseguido todos los elogios. Sin embargo, una vez Ted Lasso había conseguido derribar todas las barreras que encontraba en el resto de personajes, ¿qué conflicto quedaba? Este fue el centro del debate que sacudió su estreno y, en parte, no les faltaba razón.

La serie ha tenido más luces que sombras, pero sus altibajos se han dejado notar. Para empezar, el arranque. Y nunca mejor dicho. Durante los primeros cuatro episodios, encontramos el mismo tono al que nos tenía acostumbrados. Si hasta el beligerante Jaime Tartt se había rendido al encanto inocente del entrenador. El gran conflicto que parecía augurar la temporada era la llegada de una psicóloga inmune a las gracias de Lasso, pero ella también tardó poco en caer. Más adelante descubriremos que, en estos episodios, se han plantado las semillas de lo que está por venir, pero si tenemos que esperar cuatro episodios a que una serie coja ritmo, es que algo ha fallado en el planteamiento. Por suerte, como se suele decir en estos casos, la espera merece la pena.

La evolución de Nate ha sido lo más comentado de la temporada.
La evolución de Nate ha sido lo más comentado de la temporada.

La fortaleza ha residido en sus personajes. Frente al buenrollismo de la primera temporada, la segunda ha apostado por mostrar las heridas que esconden. Y donde verdaderamente se ha lucido ha sido en la evolución de cinco personajes, empezando por su protagonista. Hemos visto al Ted Lasso más frágil. Abandona por momentos su eterna sonrisa y sus chascarrillos para descubrirnos que todo es una máscara tras la que se oculta un hombre que no es capaz de olvidar el suicidio de su padre. El gran conflicto de la temporada nace precisamente de ahí, de cómo nos devoran por dentro las cosas que nos guardamos y nos hacen daño. Y el mejor ejemplo es Nate.

El eterno asistente ha dado un giro radical para convertirse en el gran villano (jamás te perdonaremos lo del cartel de "Believe"). Su transformación espiritual y física en Mourinho ha sido uno de los puntos más interesantes y que más juego ha dado. Durante toda la temporada, Nate ha ido aguantando todo tipo de microagresiones inconscientes y no malintencionadas. Pero, mientras Ted decidió ir a terapia por sus demonios, el entrenador ayudante dejó que el rencor creciese por dentro hasta darse asco a sí mismo (qué significativo fue ese escupitajo) y llegar a un punto de no retorno. En el último episodio, ambos nos regalaron una emocionante escena final en la que la serie ha acabado por abrazar el drama para hablar sobre la salud mental y la toxicidad.

Roy ha aprendido que hay otras maneras de relacionarse con las personas.
Roy ha aprendido que hay otras maneras de relacionarse con las personas.

Aunque, en menor medida, las heridas que nos callamos también han sido el motor del resto de protagonistas. Hemos visto al Roy Kent más humano (en todos los sentidos). Su relación con Keeley ha sacado su lado más gruñón y divertido, pero también que tiene un corazón sensible. El exfutbolista ha roto con la masculinidad insensible, incapaz de hablar de sus sentimientos, para abrirse a sus miedos, en especial a perder a Keeley. Menos éxito han tenido Sam y Rebecca. Juntos han protagonizado una arriesgada historia de amor que los guionistas no han acabado de saber manejar y que se cerró de manera precipitada y algo torpe. Sus arcos han sido fundamentales para articular toda la temporada, aunque han brillado más por separado que juntos.

Pero no todo va a ser drama. Su faceta más introspectiva no ha restado espacio para los momentos de desenfado. Para el recuerdo quedan imágenes como la coreografía que la plantilla entera dedica a su presidenta, el “tableau vivant renacentista de la melancolía masculinidad” melancólica del último episodio, la faceta de comentarista de Roy o el histriónico enfado del multimillonario africano tras ser rechazado por Sam. Mención especial para el episodio que le han dedicado a Beard, que no acabo de decidir si me fascina o me horroriza. Ted Lasso sale del paso tras un titubeante inicio y nos invita al viaje personal de sus protagonistas cargado de lágrimas y sonrisas. No olvidemos que “el fútbol es vida”.

Cuentas pendientes para la tercera temporada

'Ted Lasso' está ya renovada para una tercera temporada.
'Ted Lasso' está ya renovada para una tercera temporada.

No quería cerrar esta pieza sin una reflexión, o una petición si lo preferís. Ted Lasso nunca ha sido una serie sobre fútbol; tampoco le ha hecho falta. El deporte rey solo ha sido el contexto en el que enmarcar a unos personajes, Sin embargo, creo que está perdiendo una oportunidad de tratar temas muy importantes e interesantes relacionados con el lado social del fútbol. Temas como el racismo, que tantos problemas está dando en Inglaterra, especialmente tras los incidentes durante la Eurocopa este verano, o la violencia en el fútbol inglés (más allá de un buen pero insuficiente miniarco protagonizado por Jamie, su padre y Beard). Por no mencionar al fútbol femenino, cuya escasísima presencia en la primera temporada ha desaparecido por completo. No es necesario que hable de nada de esto, por supuesto, ni va a empeorar por no hacerlo. Pero, igual que Brooklyn Nine-Nine sintió la necesidad de hablar de los abusos policiales en su última temporada, no estaría de más que Ted Lasso hiciese lo propio.