'Estación Once' es lo contrario de lo que esperas en una serie post apocalíptica
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'Estación Once' es lo contrario de lo que esperas en una serie post apocalíptica

HBO Max estrena mañana 'Estación Once', una ficción sobre el fin del mundo que se sale de lo que esperaríamos. Basada en un libro de Emily St. John Mandel, es la heredera más firme de 'The Leftovers' que ha dado la televisión reciente.

Por Marina Such - 16 Dec 2021

Una epidemia de gripe acaba con la mayoría de la población mundial. Estrenar una serie con este punto de partida a finales de 2021, cuando el planeta lleva casi dos años sumido en la pandemia del coronavirus, puede ser, ciertamente, arriesgado. Prácticamente ninguna de las ficciones que han intentado hacer ficción de los confinamientos, por ejemplo, ha funcionado y lanzar una ambientada en un post apocalipsis que parece sacado de The Walking Dead no parece un movimiento muy acertado.

Sin embargo, Estación Once subvierte las expectativas de una manera parecida a como lo hace la italiana Anna, también ambientada en un fin del mundo mostrado de una manera diferente. La descripción más próxima que puede hacerse de la serie, que se estrena con tres capítulos mañana en HBO Max, es como si The Lerftovers hiciera The Walking Dead. De hecho, Patrick Somerville, su showrunner, y parte del equipo de guionistas trabajaron con Damon Lindelof en aquella ficción de HBO.

¿Y de qué va Estación Once? Está basada en un libro de Emily St. John Mandel que, como decíamos, transcurre después de que la llamada gripe de Georgia acabe con el mundo tal y como lo conocemos. La serie sigue a varios personajes que se mueven alrededor del lago Michigan; algunos de ellos proceden de Chicago, como Kirsten, una joven que de niña fue actriz y que, el día que ocurrió todo, vio como un famoso actor moría en el escenario de un infarto mientras interpretaba al rey Lear.

Ella sirve un poco como centro a partir del que surgen todas las ramas. Siendo niña, asistimos a los primeros meses post pandemia, en los que ella ha encontrado refugio con dos hermanos de origen indio. Veinte años más tarde, ya adulta, la encontramos formando parte de una troupe teatral ambulante que pasa el verano representando obras de Shakespeare por los asentamientos alrededor del lago. Esa troupe tiene como lema "la supervivencia es insuficiente" y cree en el arte como una manera de que la humanidad salga adelante, de que se merezca vivir y no busque solo sobrevivir, como decía el almirante Adama en Battlestar Galactica.

Y ese lema da la medida de lo que es Estación Once. Sí, hay un villano (más o menos) que parece sacado del manual más extremista del Remanente Culpable, pero este post apocalipsis se centra en los esfuerzos de todo el mundo por vivir. Algunas críticas estadounidenses destacaban que el fin del mundo de la serie es precioso, y es cierto. La dirección de Hiro Murai (Atlanta) y los demás resalta la belleza de esos teatros tomados por la maleza y los animales salvajes, y aunque entre la Sinfonía Ambulante existen sus desavenencias, sus miembros se preocupan por transmitir un sentido de la maravilla y alegría a su público.

El resultado es una ficción que gira alrededor de la importancia que el arte, y las historias, tienen para que la humanidad sea eso, humanidad, y no solo un grupo de seres vivos preocupados únicamente por encontrar alimento y reproducirse. Para varios personajes resulta también muy importante un cómic que le da título a Estación Once y que representa un refugio en medio de las peores condiciones (y también fuente de una obsesión que igual raya en lo malsano), y casi todos los supervivientes eran artistas de algún tipo antes de la pandemia.

Himesh Patel y Matilda Lawler, al principio del fin del mundo de 'Estación Once'.
Himesh Patel y Matilda Lawler, al principio del fin del mundo de 'Estación Once'.

Ese alegato a favor del arte en todas sus formas (la Sinfonía Ambulante hasta puede recordar un poco incluso al grupo La Barraca de Federico García Lorca) es solo una de las maneras en las que Estación Once se diferencia de otras ficciones post apocalípticas. Lo que le interesa no es solo la manera en la que los supervivientes lidian con lo que les ha pasado (¿Importa lo que había antes de la epidemia? ¿Vamos abocados al vivir juntos, morir solos?), sino esos momentos en los que están creando comunidad, porque es la comunidad lo que les garantiza la supervivencia.

Además, los episodios alternan entre esos 20 años después, el año inmediatamente posterior o los días (o meses) anteriores al fin del mundo y pueden centrarse en un único personaje o en un grupo de ellos. Ahí, no todos funcionan igual de bien; la Sinfonía Ambulante suele ser siempre interesante de ver, pero con los demás varía.

Lo que sí se puede afirmar es que es una serie especial y que, probablemente, tampoco es para todo el mundo. También es una opción curiosa para Navidad (la gripe se desata unos días antes de Nochebuena), pero encaja en esta época por su creencia en la capacidad de la humanidad para cooperar y ser solidaria, y en la importancia del arte. Es un post apocalipsis que, pese a todo, nos da razones para ser optimistas.