‘Cómo meterse en un jardín’ (‘Landscapers’) es un acercamiento original y romántico a la historia de dos asesinos reales
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‘Cómo meterse en un jardín’ (‘Landscapers’) es un acercamiento original y romántico a la historia de dos asesinos reales

Ed Sinclair, marido de la protagonista de ‘The Crown’, debuta como guionista con un proyecto que le llevó seis años de investigación. El resultado, al menos tras ver el primer capítulo, constituye un giro singular de las historias sobre crímenes reales a fuerza de experimentos formales y puro talento interpretativo.

Por Álvaro Ortiz - 17 Dec 2021

La primera vez que leyó el caso en los periódicos, Ed Sinclair supo que había algo escondido en la historia de los Edwards. Habían matado y enterrado en su jardín a dos ancianos, sí, y aquello fue un crimen atroz. Pero, más allá de la opinión pública, que los definía como asesinos despiadados, más allá de la prensa, que copaba titulares con los detalles más excéntricos de lo sucedido, existía una verdad. Tan verdadera como cualquier otra. Controvertida, incómoda. Un porqué difícil de procesar y con el que Cómo meterse en un jardín (Landscapers) parece no pretender excusar a sus protagonistas, pero sí atreverse a comprenderlos. Si es que se puede. La última colaboración entre HBO y Sky Studios nace del trabajo de Sinclair uniendo piezas, intentando completar un puzzle cuya imagen final nos quiere decir algo: que la realidad, a veces, no tiene una sola versión; que la vida escapa al blanco o negro; que la verdad tiene más de un significado.

Devotos, reservados y con una habilidad innata para pasar desapercibidos. Así se nos presentan Susan y Christopher (soberbios Olivia Colman y David Thewlis), una pareja de mediana edad, enamorada, con una vida aparentemente tranquila en Lille, Francia. O al menos eso creemos, hasta que las imágenes empiezan a evidenciar que las cosas no encajan: en realidad viven como fugitivos en un destartalado pied-à-terre, comen sándwiches de atún y visten chaquetas de punto ajadas. Entonces, ¿cómo es que, mientras Christopher busca trabajo desesperadamente para pagar meses de alquiler atrasados, Susan se puede gastar 175 euros en un póster original de Solo ante el peligro? Es difícil de explicar. Este punto de partida da un vuelco cuando Christopher, no sabemos si harto de su vida miserable o atormentado por la culpa, confiesa el crimen cometido en 1998 a su madrastra, a través de una llamada telefónica que acaba en conocimiento de la policía británica.

David Thewlis y Olivia Colman encabezan el reparto de 'Cómo meterse en un jardín' ('Landscapers')
David Thewlis y Olivia Colman encabezan el reparto de 'Cómo meterse en un jardín' ('Landscapers')

Desde el primer momento, Cómo meterse en un jardín (Landscapers) retrata a Christopher como un hombre derrotado que grita auxilio en silencio; pero que, al mismo tiempo, ha de mantenerse sereno, siendo un marido cariñoso y comprensivo con su “frágil” esposa. Ella, sin embargo, vive su particular vie en rose. Está obsesionada con amasar recuerdos y objetos de colección de películas clásicas, sobre todo si tienen que ver con su estrella de cine favorita, Gary Cooper; quien, en cierta forma, representa la protección y la estabilidad que en el fondo anhela, después de llevar más de una década yendo de aquí para allá ocultando que asesinó a sus padres. Si bien, dramáticamente, el personaje de David Thewlis (Fargo) es quien lleva el peso, quien está entre la espada y la pared, quien mantiene atada a la pareja a la realidad; es el de Olivia Colman (The Crown) el que más luce debido a su naturaleza singular.

Susan vive en una ensoñación que difumina cualquier línea divisoria entre realidad y ficción. Como pasaba en Bruja Escarlata y Visión, ella lucha febrilmente por huir de sus traumas y permanecer a salvo en un lugar feliz, aunque imaginario. Esto no sólo marca la psique del personaje y la manera en que se expresan sus emociones —como en los musicales—; también define el relato en su forma. En este apartado, el director Will Sharpe (Flowers) opta por traducir ese mundo interior escapista a una puesta en escena trufada de florituras visuales: modos y estéticas que evocan al Hollywood clásico, imágenes hiperestilizadas, cambios de color, en la relación de aspecto, y todo un arsenal de trucos que se intercalan junto al resto de secuencias que transcurren en el universo real de la historia.

Las ensoñaciones de Susan (Olivia Colman) son una clave visual y narrativa en la miniserie.
Las ensoñaciones de Susan (Olivia Colman) son una clave visual y narrativa en la miniserie.

No cabe duda de que esto último es el punto de originalidad que diferencia a Cómo meterse en un jardín (Landscapers) de otras historias criminales. Sin embargo, pese a tener una razón de ser, estos detalles y piruetas no dejan de significar un toque de color; un extra vistoso pero que difícilmente podrá mantener el interés durante las tres horas y media de un relato que, si conocen el caso real, se sabe que no cuenta con excesivos giros o momentos sorprendentes. Así, toda la intriga parece fiada al talento de la dupla Colman-Thewlis, que enriquece el resultado con lujo de matices y sensibilidades, en escenas íntimas que respiran esencia teatral. En este punto, conviene fijarse especialmente en la actuación de la ganadora del Oscar, quien deja un siniestro espacio abierto a la interpretación de cada espectador: ¿Es Susan una mujer traumatizada, o en el fondo es peligrosa y manipuladora? ¿Se arrepiente? ¿Acaso, directamente, siente la más mínima culpa?

Con una mezcla muy especial de thriller criminal, drama policial y romance, el final del episodio llega con ese tren que viaja en la noche para entregar a los Edwards a las autoridades. Después, la miniserie sintetiza su mensaje en una potente frase: “Sólo diles la verdad”. ¿Pero qué es la verdad? Con algunas buenas ideas, el guion de Sinclair trata de reconstruir qué llevó a dos personas corrientes a cometer un crimen y ocultarlo durante 15 años. Su desarrollo, seguramente, terminará poniendo a prueba nuestra empatía y, en la opinión de quien escribe, acertará si es comprensivo y no indulgente. Por todo ello, quien se enfrente a Cómo meterse en un jardín (Landscapers) deberá aceptar la ambigüedad; entender que una misma realidad, por más que cueste, puede tener tantas versiones como miradas. En definitiva, convivir con más incógnitas que certezas. Porque todo apunta a que este camino no acaba con una respuesta única e inamovible.