Las claves de la tercera y última temporada de 'El método Kominsky'
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Las claves de la tercera y última temporada de 'El método Kominsky'

Terminar bien una serie es mucho más difícil que saber cómo empezarla. Si además pierdes a uno de tus protagonistas principales por el camino, la sombra de que toda la ficción zozobre revolotea aún más en la mente de sus creadores. Por suerte, esto no ha ocurrido en 'El método Kominsky'. Han sabido mantener su identidad y navegar en esa fina línea de comedia con tintes de drama para dar un final a la altura de la historia de Sandy Kominsky.

Por Israel Alejandre Carbajo - 31 May 2021

El método Kominsky es una de esas series de las que todo el mundo habla maravillas pero que luego no están entre las ficciones más vistas de Netflix. Su creador, Chuck Lorre, ya demostró su valía con The Big Bang Theory o Mom, por poner solo dos ejemplos, así que era de esperar que la comedia que gira en torno a Sandy Kominsky también siguiese esas cotas de calidad. La serie tuvo dos primeras temporadas muy buenas pero con la llegada del coronavirus (aunque no tuviese que ver con la pandemia) Alan Arkin decidió no continuar en la serie. La ficción se quedaba sin el 50% de su identidad y asumiendo la marcha de un personaje que, al igual que Sandy, lo era casi todo.

Sus creadores ya habían anunciado que habría tercera y última temporada antes de la marcha de Arkin, así que se enfrentaron al duro reto de seguir sin uno de los principales pilares y generadores de comedia de la serie... y también les tocó repensar y retocar la historia que tenían en mente. Pero al final, han llegado a la conclusión minimizando los daños. Vamos a dejaros aquí las claves de por qué estos últimos 6 episodios están a la altura...

1. La ausencia de Norman

Durante las dos primeras temporadas, Norman Newlander era un constante dolor de cabeza para Sandy Kominsky. Sí, era su agente y mejor amigo. Pero también era el único que sabía donde debía pinchar para que doliese. Esa mezcla de sinceridad disimulada de humor ácido hizo que muchos se enamorasen del personaje. Por eso fue tan duro enterarse de que Norman no iba a estar en la 3ª temporada.

Los guionistas hicieron lo único que era posible hacer para justificar su ausencia sin una excusa chusca: acabaron con la vida del bueno de Norman. Y esa muerte en la ficción ha sido, precisamente, el motor de la última temporada. Porque sin Norman, Sandy ha tenido que hacer frente a la soledad que llega con la vejez y ha redondeado el mensaje que nos lleva vendiendo la serie desde el principio: esa resistencia inútil frente a los cambios y asumir la pérdida como algo inevitable que, sobre todo a cierta edad, ronda mucho más de lo que nos gustaría. Además, la muerte de Norman provoca también la creación de una subtrama con mucha miga...

¿Podía seguir la serie tras la marcha de Alan Arkin? Sí, pero su sombra es demasiado alargada.
¿Podía seguir la serie tras la marcha de Alan Arkin? Sí, pero su sombra es demasiado alargada.

2. La herencia

El testamento de Norman deja a Sandy como el encargado de gestionar su patrimonio. Nada más y nada menos que diez millones de dólares a los que su hija Phoebe (Lisa Edelstein) y su nieto Robby (Haley Joel Osment) quieren acceder sin restricciones y con los que Sandy tendrá que ir lidiando como buenamente pueda. Sandy está ahí para que la familia de Norman no se pula su dinero. Y le toca armarse de paciencia para aguantarlos.

La familia de Norman va a darle a Sandy más de un dolor de cabeza.
La familia de Norman va a darle a Sandy más de un dolor de cabeza.

3. La vuelta de Roz

Ya la habíamos visto en las anteriores temporadas de una forma fugaz. Es la exmujer de Sandy, interpretada por Kathleen Turner, y ahora vuelve para intentar suplir el hueco dejado por Alan Arkin. La química entre Douglas y Turner es patente. Y se nota en la pantalla. Además, son ellos dos juntos los que dejan más claro si cabe todos estos mensajes referentes al ocaso de la vida que nos tocan más la fibra de toda la serie: enfrentarse a la pérdida, el final y cómo rehacerse y seguir adelante aunque cada vez queden menos razones para hacerlo. Por eso El método Kominsky no es una sitcom al uso, porque suelta mensajes como estos que deberían provocar más melancolía que risa. Pero con esta serie es imposible no reírse.

La química entre Michael Douglas y Kathleen Turner no ha mermado con el paso de los años.
La química entre Michael Douglas y Kathleen Turner no ha mermado con el paso de los años.

4. Los cameos

Hay varios actores y directores que se interpretan a sí mismos en esta última temporada y que pasan por la escuela de Sandy. Una escuela de actores que cada vez va teniendo más fama. Morgan Freeman, Jon Cryer o Barry Levinson se dejan caer por la serie aportando varios de los momentos de comedia más genuinos de toda la temporada. Eso sin mencionar que a Sandy le llega por fin, el que quizás sea el papel de su vida en una película. Dando pie a otra ración de inseguridades y neuras por volver a sentirse actor en su última etapa.

Morgan Freeman haciendo de sí mismo en la 3ª temporada de 'El método Kominsky'.
Morgan Freeman haciendo de sí mismo en la 3ª temporada de 'El método Kominsky'.

Y así llegamos al final. Una despedida que se va fraguando desde el primer episodio en el que le decimos adiós al bueno de Norman y que culmina con la despedida de una serie en la que siempre se ha jugado con la idea de lo difícil que es aceptar las despedidas y la dureza que supone dejar atrás la vida y decir hasta siempre. El método Kominsky nos ha dicho ese hasta siempre sabiendo de antemano que su vida acababa ahí. Pero no por sabido es menos duro. Aceptar la muerte siempre ha estado revoloteando como concepto y como mensaje dentro de esta ficción. Y en su último aliento podemos decir que la ha aceptado con mucha dignidad.