Chernobyl: qué es real y qué no en la serie sobre la catástrofe nuclear de 1986
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Chernobyl: qué es real y qué no en la serie sobre la catástrofe nuclear de 1986

Chernobyl o cómo contar el mayor desastre nuclear de la historia en cinco capítulos. Pero, ¿qué hay de cierto en la ficción de HBO? ¿Son reales sus personajes? ¿O es producto de la imaginación de su creador, Craig Mazin? Aquí te sacamos de dudas.

Por David Martín - 10 Jul 2020

Si Chernobyl ha fascinado a público de todo el mundo, ha logrado la admiración de numerosos historiadores y ha molestado a las autoridades rusas es por algo. Evidentemente, hablamos de una ficción y, como tal, se han utilizado licencias de narrativa audiovisual para 'vestir' aún más una historia que marcó la vida de millones de personas.

Un personaje inventado

Todos los personajes son reales, excepto uno: el de Ulana Khomyuk (Emily Watson). No, no existió. Es una especie de híbrido representativo de los miembros de la comunidad científica presentes en las investigaciones. De hecho, probablemente ninguna mujer de la época habría tenido el cargo de responsabilidad que sí tiene ella en la serie.

Legasov, ‘casi’ real

Stellan Skarsgård como Borís Shcherbina y Jared Harris como Valeri Legásov.
Stellan Skarsgård como Borís Shcherbina y Jared Harris como Valeri Legásov. / HBO

Sí, Valery Legásov (Jared Harris), el protagonista principal de la ficción de HBO, también existió en la realidad. Pero aquí vemos algunos matices. Es el asesor científico más importante del Kremlin, pero ni estuvo tan cerca del trabajo de campo ni, lo más relevante, asistió al juicio a los tres responsables de la central nuclear. De hecho, hay una frase en ese juicio, según la serie, que resume, en boca de Harris, el mensaje global de la misma: "Cada mentira que contamos implica una deuda con la verdad. Más tarde o más temprano, hay que pagar esa deuda". Si Legásov no estuvo en ese juicio, es de lógica pensar que esa frase también es inventada.

Un reactor gemelo

Es obvio que el reactor que centra la acción de la serie no es el de Chernóbil. Pero se parece tanto que los expertos dicen que es una copia casi exacta. El de la ficción está ubicado en la planta nuclear de Ignalina, en Lituania.

Imagen de Pripyat
Imagen de Pripyat / Pixabay

Uno de los momentos más dramáticos que se viven en ese reactor se corresponde con las labores de mitigación del desastre. En efecto, varios helicópteros sobrevolaron la central arrojando plomo, boro y arena para apagar el incendio y, tal y como se puede observar en la serie, uno de esos helicópteros acabó precipitándose al vacío. Sí, aquello ocurrió en la realidad, pero fue meses después de la catástrofe y no precisamente por los efectos de la radiación, sino por los cables de una grúa.

El puente de Pripyat

Escena icónica en el primer episodio: un grupo de personas observa el desastre desde el puente de Pripyat. La producción cuenta que todos aquellos ciudadanos acabaron muriendo, pero no hay certeza de ello. De hecho, en el libro 'Midnight in Chernobyl', el autor, Adam Higginbotham, asegura que habló años después con uno de los niños que pasaron en aquel momento por el puente y, sí, continuaba vivo y, según cuenta, “en perfecto estado de salud”.

La segunda explosión

Ya hemos visto que la científica Ulana Khomyuk no es real. Pues bien, una de sus teorías sostenidas en la serie tampoco lo es. El personaje de Emily Watson elucubra con la posibilidad de una segunda explosión que hubiera tenido una intensidad de entre 2 y 4 megatones. Habría afectado considerablemente a toda Europa Oriental, incluida parte de Alemania. Pero no, ni ocurrió ni siquiera existieron muchas opciones de que ocurriera con esa magnitud. Al menos eso dicen los expertos.

Bomberos, tuneladores y responsables

Todos ellos reales. Los tres responsables tuvieron nombre y apellidos, los mismos que en la serie. También son verídicos los personajes de los mineros que cavaron un túnel bajo el reactor para evitar que la radiación llegara al Mar Muerto. O los tres voluntarios que, por debajo de la planta, consiguieron abrir unas compuertas para evitar que la tragedia fuera mayor. De hecho, dos de ellos siguen vivos y el otro murió hace 15 años.

También se corresponde con la realidad el personaje del político Boris Shcherbina, otro de los rostros principales, o los de los bomberos, e incluso los de aquellos que se encargaron de disparar a los animales del área contaminada para evitar que la propagación por toda Europa fuera mayor.

Imagen de un edificio de Pripyat años después de la catástrofe nuclear
Imagen de un edificio de Pripyat años después de la catástrofe nuclear / Pixabay

Terminamos con dos alteraciones temporales obligadas por la propia estructura audiovisual de la producción. En primer lugar, los efectos originados por la radiación, pese a estar representados con realismo casi genial, son demasiado inmediatos: en la mayoría de los casos, el enrojecimiento de la piel, que llega incluso a colores marrones, fue llegando con el paso de las semanas. Y en segundo lugar, el juicio, en la realidad, se demoró bastante más que en la ficción, en la que el proceso se ‘americaniza’. El secretismo soviético que tan bien queda representado fue la principal causa.