'Brave New World' y las distopías: por qué nos atraen cuando lo que vemos es tan horrible
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'Brave New World' y las distopías: por qué nos atraen cuando lo que vemos es tan horrible

No falla. Cuanto más sufrimos, más nos enganchamos. Es como el 'tomacco' de 'Los Simpson', aquella especie de tomates que sabían a tabaco pero que no podían dejar de comer. Con las distopías pasa igual. No nos gusta nada lo que vemos en la pantalla. Es una sociedad de pesadilla, pero no podemos dejar de mirar.

Por Israel Alejandre Carbajo - 04 Oct 2020

Con el estreno de Brave New World, una nueva serie distópica se suma a la lista. Y no será la última, porque si de algo se nutre la ficción es de llevar a nuestra sociedad más allá de sus límites. Nos empuja a imaginar cómo será nuestra vida y nuestro mundo llevados al extremo. Algo que por desgracia, en este 2020 estamos comprobando por culpa del Coronavirus. Pero las series pueden permitirse ir todavía más allá.

Brave New World se basa en la novela distópica de Aldous Huxley Un mundo feliz. En ella se maneja a la sociedad por medio de drogas. Unas píldoras que inducen sentimientos. Independientemente de que estés feliz, triste o enfadado, el efecto de la píldora te predetermina un sentimiento. Y claro, controlando tus sentimientos, se controla todo. En Un mundo feliz y Brave New World asistimos a una sociedad adormecida e hiperregulada.

Adiós a la sociedad

Los que la dominan venden la idea de que en esa sociedad la humanidad está ordenada en castas donde cada uno sabe y acepta su lugar en el engranaje social. La guerra y la pobreza han sido erradicadas y todos son permanentemente felices. Aparentemente. Porque por el camino han borrado lo que nos hace humanos: la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión, la filosofía y el amor.

La "idílica" sociedad de 'Brave New World'.
La "idílica" sociedad de 'Brave New World'. / Starzplay

Al final todo esto es una pesadilla que vemos a través de una pantalla. No es real, pero echándole un poco de imaginación, no es tan descabellada. Las distopías suelen avanzar años en el futuro para mostrarnos cómo es el mundo que no veremos. Y siempre es un mundo peor que en el que vivimos. Es lo contrario a un mundo ideal. Algunos de esos mundos lo parecen, pero están muy lejos de serlo. Los creadores de estos tipos de ficción se aprovechan para trazar paralelismos con la actualidad sobre todo por el avance continuo de la tecnología en nuestra sociedad. Y algunas series lo han aprovechado al máximo.

Black Mirror no tiene que viajar muchos años en el futuro para mostrarnos una distopía. Se centran exclusivamente en los avances tecnológicos para contarnos historias que casi siempre acaban fatal. En el caso de esta serie, la sensación que deja es particularmente perturbadora porque lo que vemos no es un futuro lejano. Podría ocurrir. Y eso siempre te deja un escalofrío recorriéndote el cuerpo.

Westworld sí que viaja varias décadas hacia el futuro para retratar una sociedad que ha avanzado hasta el punto de usar una Inteligencia Artificial prácticamente humana en su beneficio. Pero es un uso y un abuso. Y esa inteligencia se acaba revelando provocando una revolución a todos los niveles.

Humanos vacíos

Sin entrar a valorar lo enrevesado de su trama, el mensaje que subyace debajo de los planes de Dolores, el Edén, el desconcierto perpetuo de Bernard y las masivas escenas de acción es que al final, los anfitriones son más humanos que los propios humanos.

La pérdida de humanidad y del libre albedrío son temas recurrentes en las series distópicas

Esa pérdida de humanidad es un tema muy frecuente de las distopías. En ellas las personas casi siempre son cascarones vacíos. Están desprovistos de lo que un día nos hizo lo que somos. Aunque en algunos casos, lo de "cascarones vacíos" se lleva hasta el extremo.

Porque en El cuento de la criada, Gilead trata a las mujeres fértiles como cascarones vacíos. Receptáculos que sólo sirven para engendrar unos bebés cuyas madres biológicas no desean. Básicamente es una sociedad que viola a las mujeres que pueden tener hijos. Tenían que ser veneradas, pero son esclavizadas. Se las maltrata hasta límites que a veces son difíciles de soportar para el espectador.

El placer de lo desagradable

Ver El cuento de la criada es un ejercicio de resistencia. Porque lo que le ocurre a Defred y a todas las criadas no hay bicho viviente que lo soporte. Pero ahí seguimos. Deseando que se libere de una vez y que libere al resto. Y cuando parece que lo hace... otra vez a sufrir.

Defred y sus compañeras viviendo permanentemente en una pesadilla.
Defred y sus compañeras viviendo permanentemente en una pesadilla. / HBO

Esta serie es una distopía, pero en otros términos. La tecnología no está apenas presente. No sirve como elemento de ruptura de la sociedad o como elemento represor. Lo distópico reside en ver como un mundo actual, que podría ser el nuestro, retrocede a tiempos de la Edad Media. A momentos en el que fundamentalismo religioso y la tiranía imperaban y en el que nadie externo parece querer hacer nada por cambiarlo. Y da mucho miedo, pero ahí seguimos, a tope con Defred. Sigamos hablando de cascarones...

En esta ficción (ya cancelada por Netflix) los cuerpos del ser humanos son literalmente cascarones. Otra vez la tecnología. En Altered Carbon puedes guardar tu cerebro, tu alma, tu esencia en una especie de discos duros y luego insertarlos en un cuerpo. Así que es imposible morir. Pero claro, la alegría va por barrios. Y esos barrios los dicta Don dinero.

Poderoso caballero

Si tienes pasta, bienvenido a la eternidad. Puedes comprar los cuerpos que quieras. Si no, igual prefieres vender tu cuerpo para que tu familia no se muera de hambre. Aquí también se explora la desigualdad social. Otra de las características de una distopía. Cuanto más hacia el futuro viajamos, más extrema es. Más diferencia entre ricos y pobres. Pero, ¿y si en vez de viajar hacia adelante en el tiempo, hacemos lo contrario?

¿Y si nuestro pasado no hubiese discurrido como lo conocemos? Eso es lo que propone The man in the high castle. ¿Qué hubiese pasado si las potencias del Eje hubiesen ganado la Segunda Guerra Mundial? Con esa premisa los creadores de la serie tienen todo un arsenal de ideas aterradoras para hacernos sufrir. Una Europa dominada por los Nazis y unos Estados Unidos repartidos a medias entre Japón y Alemania.

Con las distopías, los creadores de series tienen todo un arsenal de ideas con los que hacernos pasarlo mal

Un mundo oscuro, de pesadilla. No ocurrió, pero está en las antípodas de ser algo utópico. Aquí el gustillo de verla reside en ese "Y si...?" que tanto gusta a los creadores de series: imaginar un mundo totalmente distinto. Porque para vivir en el día a día tenemos nuestra realidad... o Years and years.

Hemos dejado la distopía más aterradora para el final, porque Years and Years es prácticamente nuestro día a día. Transcurre en 2028 y se estrenó en 2019. Eso son solo 9 años en el futuro. Es prácticamente pasado mañana. Y lo que vemos en Years and years es peligrosamente parecido a ponerse a imaginar donde podríamos estar dentro de una década. Si pensamos mal, claro.

Ficción demasiado real

Y no puede ser más distópico: políticos extremistas que ganan sus votos manipulando a la población, inmigración masiva, racismo, quiebra del sistema económico, tecnología invasiva... y paramos aquí porque no queremos provocaros pesadillas.

'Years and years' es tan parecida a la realidad que lo que ocurre en pantalla es casi terrorífico

La imagen que dibuja Years and years se parece demasiado a nuestro rutina pero dándole una retorcida vuelta de tuerca. Las distopías enganchan porque vemos nuestro mundo yéndose por el retrete. Y nos gusta. Tenemos un punto de sufridores. El problema es que si nos ponemos a pensarlo, algunas series más que distopías, parecen predicciones. Y eso, sí que es aterrador.