'Animado presidente' nos enseña que hay cosas que los "dibujos animados" sí pueden decir, pero la acción real no
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'Animado presidente' nos enseña que hay cosas que los "dibujos animados" sí pueden decir, pero la acción real no

Con el estreno de la segunda tanda de capítulos de la tercera temporada de la serie que parodia y ridiculiza a Donald Trump, repasamos por qué las series de animación llegan a sobrepasar ciertos límites que parecen imposibles de transgredir. En la época en la que impera lo "políticamente correcto", solo los actores que no son de carne y hueso se atreven a decir ciertas cosas.

Por Israel Alejandre Carbajo - 13 Oct 2020

Según la Real Academia Española, ser "políticamente incorrecto" significa "transgredir las normas socialmente aceptadas". Unas normas que en el mundo de la televisión sí que se traspasan, no nos engañemos. Ahí tenemos, por ejemplo, a Saturday Night Live dando cera al presidente de Estados Unidos cada fin de semana.

El problema es que es una excepción. No hay muchas series de ficción que lleguen a los extremos a los que lo hace la animación. Porque al ver un "dibujo animado" parece que es más fácil encajar según que golpes. No es real y nuestro nivel tolerancia es mucho mayor. Sin ir más lejos, hoy en nuestro país se estrena la 3ª temporada de...

Animado presidente

No estamos hablando de una serie especialmente sutil. 'Animado presidente' se resume en mostrar a Donald Trump como un auténtico descerebrado. Pero no podemos olvidar de que estamos hablando del presidente del país más poderoso del planeta. Y hasta gente de su propio partido no se corta en atizarle. Seguro que al propio Trump esta serie no le hace ninguna gracia, pero para los estadounidenses que no estén a favor de su gestión les supondrá un pequeño resarcimiento.

Seguro que el propio Trump no extendería ese certificado a 'Animado presidente'.
Seguro que el propio Trump no extendería ese certificado a 'Animado presidente'. / Showtime

Siguiendo con este ejemplo, todos estamos descontentos con los políticos que tenemos en mayor o menor medida a lo largo de nuestra vida, y una serie que los ridiculice y los haga parecer accesibles, mortales, les iguala a nosotros y entonces surge una especie de catarsis. Un vehículo de escape. Por eso la animación para adultos es tan importante.

'Animado presidente' no es una serie especialmente sutil. Nos presenta a Donald Trump como un completo descerebrado

Llega a lugares en los que la acción real no se atreve ni a meterse. Son irreverentes, ácidas, satíricas. Nos enseñan lugares del ser humano, recovecos oscuros de nuestra personalidad en los que muchas veces ni nosotros mismos nos atrevemos a meternos. Pero esto no viene de ahora. El germen tiene un nombre y lleva 31 años en antena. Son la familia amarilla más famosa de América.

Los Simpson

Con todos sus altibajos, Los Simpson llevan 31 temporadas mostrándonos la cara B de la típica familia norteamericana de clase media. Aquella del "sueño americano" de finales de los 80. Los Simpson, desde el capítulo 1, nos dijeron que esa familia no existe.

Que hay padres de familia que no saben (ni quieren) educar a sus hijos y prefieren irse a la barra de un bar. Que hay madres abnegadas que cuidan de la casa y los hijos pero que están hartas y que necesitan su espacio para ellas y que los hijos no son esas personitas modelo que vendemos a nuestros vecinos. A veces son demonios. Y de Los Simpson surgió todo lo demás. En el presente...y en el futuro.

Futurama

Leela, Bender, el Dr. Zoidberg y Fry se tiran los trastos a la cabeza en 'Futurama'.
Leela, Bender, el Dr. Zoidberg y Fry se tiran los trastos a la cabeza en 'Futurama'. / FOX

De la misma mente del creador de Los Simpson, Matt Groening, nació esta serie ambientada 1000 años en el futuro. Y por eso precisamente, por no tener que dar cuentas a una realidad palpable, al presente, podía imaginar y jugar con mil y un clichés de nuestros días. Ridiculizar nuestra sociedad actual a través de unos personajes que la ven bajo el prisma del que está viendo el pasado. Un pasado que siempre se idealiza y del que se ríen continuamente.

Es decir, se están riendo de la propia sociedad que ve la serie. Una crítica sutil en muchas ocasiones y casi siempre genial. Por eso muchos dicen que Futurama está un peldaño por encima de Los Simpson. Personajes terrícolas y extraterrestres de todo género y condición de entre los que sobresalía un robot: Bender. El mejor personaje de la serie.

Bender representa la parte más mezquina del ser humano pero se lo puede permitir, es un robot

Precisamente por ser un robot, carente (en teoría) de alma y sentimientos daba en el clavo cuando se ponía profundo. Aparte de encarnar la parte más visceral y mezquina del ser humano: malhablado, borracho, jugador, fumador empedernido... lo tenía todo. La radiografía que hizo Futurama de los primeros años del siglo XXI deberían ser vistos por cualquiera que quiera ver una serie en la que la crítica social sobrevuela cada trama. Tramas que de por sí, son a cada cual más fantásticas y pasadas de vueltas. Pero todo vale. Es el futuro.

Padre de familia

Heredera directa de Los Simpson, aunque mucho más descerebrada, gamberra y satírica. Padre de familia se sale de los límites que establecieron Homer y compañía. Primero porque no le importa abrazar lo imposible. Stewie, el bebé de la familia, habla. Se comporta como un adulto. De hecho, es el miembro más maduro de la familia, algo que dice mucho de las intenciones de la serie. Luego está Brian, el perro, que también habla.

Muchas de las tramas destacan por sus críticas sociales construidas a partir de un humor absurdo y grosero. Es habitual ver en muchos de sus episodios insolencias, comentarios obscenos, referencias sexuales e incluso violencia.

South Park

De vivir en el mundo real, los habitantes de 'South Park' no cabrían en un mismo manicomio.
De vivir en el mundo real, los habitantes de 'South Park' no cabrían en un mismo manicomio. / Paramount Comedy

Stan, Kyle, Kenny y Cartman desencajaron más de una mandíbula a finales de los 90. Eran malhablados, díscolos, egoístas, pero sobre todo... eran niños. South Park se convirtió en la serie más perseguida por padres y profesores. No podían dejar ver la serie a sus hijos. Porque en South Park todo era excesivo. ¿Había crítica social? Sí, pero quedaba empañada por una necesidad de transgredir, de provocar. Y vaya si provocaba. El éxito fue tal que hasta sus creadores hicieron una película. ¿Quién no se acuerda de aquella canción de Terrance y Phillip?

Big Mouth

Seguimos con niños. Pero estos están más creciditos. De hecho, son adolescentes de instituto. De los recién llegados. Sus hormonas están despertando y las tienen disparadas. Big mouth es una de las últimas apuestas de Netflix en animación para adultos. Y en esta serie se habla de sexo. Mucho. Todo el rato. Y con el lenguaje soez por bandera.

Los adultos de 'Big mouth' son más inmaduros que los protagonistas de la serie: los niños que despiertan a la adolescencia

Aunque los adultos son peores que los niños. No tienen ningún filtro y se comportan de una forma mucho más inmadura que los propios adolescentes. Pero los personajes que se llevan la palma son los dos monstruos de las hormonas. Son la representación física de los deseos sexuales de los protagonistas y ellos son los que se pueden permitir el lujo de decir lo que otros no pueden. Porque detrás de todas esas bromas fáciles del "caca, culo, pedo, pis", existe una radiografía tremenda del mundo de los adultos: el odio al diferente, la inseguridad, el miedo a quedarnos solos...etc. Un subtexto que está ahí. Solo hay que apartar las toneladas de hormonas para poder verlo.

Rick y Morty

La favorita para los fans de la ciencia ficción... y de un abuelo que está como una regadera. Pero dentro de su locura y el infierno por el que hace pasar a su nieto en cada capítulo, Rick siempre deja algún dardo que va a clavarse en el corazón de nuestro día a día. Vencer el miedo a lo desconocido, olvidarse de los convencionalismos con los que la sociedad nos obliga a comulgar, vivir cada día como si fuera el último. Rick y Morty es, en el fondo, una lección de vida. Ahora, por encima de ese mensaje, vale casi todo. Dimensiones paralelas, clones, viajes en el tiempo, pepinillos... Hay que estar listo siempre para vivir una aventura más.

BoJack Horseman

A BoJack, lo de las aventuras... como que no van con él. Ya vivió la suya en los 80. Fue la estrella de una sitcom familiar. Todo el mundo le conocía y ganó muchísimo dinero. Pero tan pronto como eso llegó se fue. Y BoJack no supo encajarlo. Ser un actor conocido por una sola serie, un famosete de medio pelo, es duro de aceptar. Hasta ahora parece la historia de decenas de actores de Hollywood. Pero BoJack es un caballo.

Radiografía de una depresión

Bojack Horseman puede ser la mejor serie de animación de la última década. Porque BoJack va de algo que es un tabú social. Bojack Horseman habla sobre la depresión. Lo hace durante 6 temporadas, sin paños calientes y con una sinceridad que asusta. ¿Nos afecta menos ver como un caballo habla abiertamente de las veces que ha intentado suicidarse? Quizá menos que si lo dijese una persona. Esa es la magia de la animación.

BoJack Horseman nació como una sátira sobre un actor venido a menos. Mucho humor absurdo, fiestas pasadas de vueltas y resacas de las que arrepentirse, pero a medida que iban sucediéndose las temporadas, la serie abrazó abiertamente su condición: la de un caballo, que en el fondo es una persona, y que no sabe salir de una depresión. La situación es tan amarga, tan madura, tan valiente, que si no fuese por las continuas salidas de tono de sus personajes, sería casi insoportable comprobar como el protagonista no deja de caer más y más. Pero por eso es una serie de animación. Por eso se puede permitir ese lujo. Porque BoJack no es una persona, es "sólo" un caballo... ¿o sí lo es?