Nip/Tuck

V.O: Nip/Tuck 2003
  • 6 temp.
  • Drama

Ficha técnica

Productores/as:
Christopher Griffin
,
Patrick McKee
,
Sean Jablonski
Directores/as:
Charles Haid
,
Elodie Keene
,
Michael M. Robin
Reparto:
Dylan Walsh
,
Dylan Walsh
,
Roma Maffia
Guionistas:
Brad Falchuk
,
Lynnie Greene
,
Ryan Murphy
Ver serie

En el lejano 2004, hubo una ficción, entonces minoritaria, que sorprendió a propios y extraños dando la campanada y haciéndose con el Globo de Oro a Mejor Serie Dramática. Pero es que, además, lo hizo venciendo a auténticos trasatlánticos de la talla de Perdidos, Deadwood, 24 o la mismísima Los Soprano. Estamos hablando del drama médico Nip/Tuck, una de esas grandes desconocidas que merecen ser rescatadas. Y sí, da igual cuando leas esto.

El argumento sigue a Sean McNamara y Christian Troy, dos amigos que ejercen como cirujanos plásticos en Miami. Ambos dirigen una reconocida —y polémica— clínica, a partir de la cual se explora con detalle sus vidas profesionales y personales, así como la de sus pacientes. Y es que, en el terreno médico, McNamara y Troy no tienen nada que ver: el primero se toma su trabajo seriamente; el segundo no tiene escrúpulos para mentir, robar, chantajear o lo que haga falta para conseguir sus objetivos.

Siguiendo con esto, la ficción también se apoya mucho en las diferencias personales de los dos protagonistas. Ambos tienen problemas con las mujeres, aunque con matices. McNamara sufre intentando mantener a su familia unida, resistiendo a la tentación que supone ligar con clientas que le tiran la caña cada día. Troy no tiene ese problema: es adicto al sexo y utiliza sus encantos no sólo para llevárselas al catre, sino también, a veces, para arrastrarlas a negocios personales un poco turbios.

Estrenada en el verano de 2003, Nip/Tuck alcanzó las seis temporadas y la cifra de 100 episodios; todos emitidos en el canal FX hasta su final en marzo de 2010. El proyecto fue producido por Hands Down Entertainment (Urgencias), Stu Segall Productions (Veronica Mars) y Ryan Murphy Productions (9-1-1), el estudio del exitoso guionista y productor Ryan Murphy, ganador de 6 premios Emmy, quien se enfrentaba aquí a su segunda serie tras debutar con Popular, el drama de instituto que vio la luz en 1999.

Conocido hoy por ser el artífice de grandes títulos como Glee, Pose o American Horror Story, el de Indianápolis apostó entonces por una serie de narrativa autoconclusiva, tradicional en ese sentido, pero que rompía cualquier expectativa que cupiese esperar dentro del género médico, con una visión arriesgada, irreverente y sexual de la profesión. En el viaje, Murphy contó con la compañía de guionistas como Lynnie Greene (La verdad sobre el caso Harry Quebert) o Jennifer Salt (Ratched), triple nominada al Emmy.

Por otro lado, la dirección corre a cargo de una nómina de realizadores encabezada por Elodie Keene (Glee) y Michael M. Robin (The Closer), ganadores del Emmy, y Charles Haid (Mentes criminales), nominado. En el plano artístico, la serie cuenta con un reparto liderado por Dylan Walsh (Imborrable) y Julian McMahon (Embrujadas); además de John Hensley (Cómo defender a un asesino), Joely Richardson (The Rook), Roma Maffia (Pequeñas mentirosas), Kelly Carlson (Melrose Place) o Linda Klein (Anatomía de Grey), entre otros.

Tras unas primeras temporadas aclamadas por crítica y público, y con más de medio centenar de reconocimientos cosechados, Nip/Tuck empezó a experimentar un declive en su recta final. Sin embargo, eso no quita para que la serie en conjunto sea considerada hoy como un título de culto debido a su singularidad. Y es que su atrevimiento amplió los límites de la permisividad en televisión, con temáticas poco tratadas en el género, escenas más explícitas de lo habitual y un lenguaje que juega constantemente con referencias sexuales.

Si a esto le sumamos una trama llena de intriga, traiciones, infidelidades y hasta algún que otro asesino en serie, lo que nos queda es un producto capaz de escandalizar y enamorar a partes iguales. O la amas o la odias. Así es Nip/Tuck, una ficción a la que cualquier aficionado debería echar un ojo, aunque solo sea por la naturaleza de su propuesta. Argumentos para verla hay de sobra, no obstante: su brillante puesta en escena, su discurso sobre la obsesión por la estética y, cómo no, su voluntad por hacer una televisión rompedora.