Fyre

V.O: Fyre 2019
  • 1 temp.

Ficha técnica

Productores/as:
Danny Gabai
,
Mick Purzycki
Directores/as:
Chris Smith
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“El mayor evento musical de la década” y “el primer festival de música de lujo” fueron dos reclamos perfectos para atraer a una isla de las Bahamas a cientos de jóvenes de todo el mundo. El problema, tal y como relata el documental de Netflix estrenado en 2019, es que la cita con la que soñaban nunca llegó a celebrarse y todo terminó siendo una estafa.

Cuando 2016 llegaba a su fin, varias cuentas de Instagram comenzaron a promocionar un festival que tendría lugar un año después. La propuesta era el sueño de cualquiera: una isla idílica, modelos deslumbrantes y la promesa de disfrutar de un evento inolvidable en el que el lujo estaría presente en cada rincón. Las entradas se vendieron en dos días, pero la sorpresa llegó cuando la música tenía que empezar a sonar y en el recinto no había nada parecido a la infraestructura propia de un festival. Todo había sido un fraude. Y lo que iba a ser la experiencia de sus vidas terminó convirtiéndose en una pesadilla.

Si Instagram había sido la red social perfecta para vender el evento, Twitter se convirtió en el lugar ideal para desenmascararlo. Allí se desahogaron algunos de los asistentes y allí encontró Chris Smith, el director de la cinta, la inspiración necesaria para afrontar un nuevo trabajo. “Sentía curiosidad por saber si había algo más en toda esta historia”, confesó Smith en una entrevista. “En aquel momento estaba trabajando en otra película. Acabamos entrevistando a una periodista de Vice Estados Unidos que había estado cubriendo la historia del festival de forma muy exhaustiva”, relató antes de comentar que fue la entrevista con el contratista del festival, Marc Weinstein, “cuando nos dimos cuenta de que esto daba para una película”.

“Si los fundadores se hubieran comunicado sinceramente con los fans, explicando los problemas a los que se enfrentaron en el camino, y la realidad de lo que podrían ofrecer en comparación con lo que prometieron, podrían haber evitado el desastre”, explicó Weinstein en su blog meses después del desastre. “Pero los fundadores aparentemente querían mantener a raya la realidad de la situación el mayor tiempo posible, seguir disfrutando de la visión de lo que podría ser, la visión que vendieron a los asistentes, en lugar de admitir algo menos perfecto y menos publicable en Instagram”, añadió.

Los irresponsables soñadores fueron el rapero Ja Rule y el joven empresario Billy MacFarland que no escatimaron en detalles a la hora de construir su utopía festivalera. Pagaron a modelos como Bella Hadid y Kendall Jenner para promocionar el evento en sus cuentas de Instagram. Escogieron como localización una idílica isla que además tenía su morbo, ya que la isla perteneció al narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Y lo vendieron tan eficazmente a los medios que algunos lo promocionaron como un evento que, sobre el papel, parecía destinado a desbancar al mítico Coachella, “un destino para el sonido y la mente”.

Los amantes de la música que soñaban con un evento sin igual o el joven MacFarland que se resistió a cancelar el evento a pesar de las advertencias pueden ser vistos por la audiencia como pobres niños ricos a los que el destino les puso los pies en la tierra. Pero Fyre, la fiesta que nunca ocurrió también tiene tiempo de relatar las penurias que tuvieron que sufrir los trabajadores del festival. Bahameños que “intentaban hacer su trabajo lo mejor que podían y se encontraban constantemente con obstáculos imprevistos” según relató Smith.

Cuando lograron abandonar la isla, los asistentes demandaron a los organizadores y el festival pasó a formar parte de las investigaciones federales de Estados Unidos. “Las mentiras no comenzaron con el Fyre Festival, dejémoslo claro” declaró un fotógrafo que había trabajado previamente con MacFarland. El empresario fue acusado de fraude electrónico en relación con el festival, pero pagó la fianza y eludió la cárcel. Hasta que le pillaron vendiendo entradas falsas para eventos como la gala Met o Coachella, y fue condenado a seis años de prisión.

“Lamento muchísimo mis acciones colectivas y corregiré mis errores” escribió MacFarland en una carta que envió desde la cárcel a los medios. “Siempre busqué, y soñé, lograr cosas increíbles por un bien común, pero tomé muchas decisiones incorrectas e inmaduras en el caminó y causé dolor. Como resultado, vivo todos los días en prisión con dolor, y continuaré haciéndolo hasta que pueda compensar algunos de estos daños con trabajo y acciones que la sociedad considera respetables” añadió. Aunque su salida de prisión está prevista para 2024 MacFarland es para los fiscales federales un “estafador consumado” y ahora parece que tiene mucho trabajo por delante.