Circus of Books

V.O: Circus of Books 2019
  • 1 temp.

Ficha técnica

Productores/as:
Adam Baran
,
Camilla Hall
,
Cynthia Childs
,
Kathryn Robson
Directores/as:
Rachel Mason
Reparto:
Alaska Thunderfuck
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El auge del género documental que supuso la aparición de diversas plataformas de streaming ha hecho posible que el público pueda disfrutar de multitud de historias personales que, de otra forma, tal vez no habrían conocido. Como la historia de Karen y Barry Mason, que Netflix estrenó en abril de 2020 con el título de Circus of Books y que llevó a la pantalla su inesperada inmersión en la comunidad LGTBI de Los Ángeles.

En 1976 este matrimonio judío buscaba una forma de mantener a su familia, cuando respondieron a un anuncio en Los Angeles Times. Larry Flint buscaba distribuidores para su revista Hustler, y lo aceptaron pensando que sería algo temporal. Se hicieron cargo de una tienda local, Circus of Books, para facilitar su trabajo y, una década después, se habían convertido en los mayores distribuidores de porno gay de Estados Unidos. Una labor que les llevó a sumergirse completamente en la comunidad LGTBI de Los Ángeles, a pesar de que para ello tuviesen que llevar una doble vida en la que incluso ocultaron su trabajo a sus hijos. Pero ese solo fue uno de sus desafíos en una época en la que tuvieron que enfrentarse a cargos judiciales por obscenidad y convertirse en el refugio de la comunidad en el punto álgido de la crisis del SIDA.

“No me propuse hacer una película tan personal como finalmente ha sido”, reconoció la directora del largometraje Rachel Mason, hija de Karen y Barry. “Siempre supe de la importancia de las tiendas para la comunidad gay local, pero al elegir este proyecto comencé a descubrir la conexión más profunda de mi familia con su lugar de trabajo. La forma en que criaron una familia, y cómo guardaron secretos, se convirtió en un cuento natural que uniría todo”, explicó en una entrevista.

Con una larga trayectoria como artista y música, Circus Of Books es el primer proyecto audiovisual importante de la directora, algo que no resultó muy atractivo para su madre. Como se puede ver en el documental, Karen Mason estaba convencida de que “nadie va a estar interesado en esto”. Una negatividad que desapareció cuando vio el resultado final y le dijo a su hija: “Nunca entendí por qué tenías que hacer esta película hasta que leí lo que la gente dice al respecto”. Y es que Rachel vivió el trabajo de sus padres “como cualquier otro trabajo del que la gente tiene que preocuparse” hasta que descubrió, gracias a un amigo gay, qué era lo que sus padres vendían en la trastienda. “La gente piensa en la industria adulta en términos tan glamurosos e indignantes, pero las personas que trabajan detrás de la cámara están sentadas en escritorios y archivando documentos, enviando facturas, haciendo sus formularios de impuestos del gobierno, todas esas cosas aburridas. Mis padres estaban involucrados en cada uno de los aspectos aburridos del trabajo”.

La directora desveló que la historia del movimiento LGTBI le interesó, al menos, “desde que me di cuenta de qué era la tienda de mis padres”, al igual que el papel de la pornografía como parte del registro histórico gay. Según Rachel, “el porno gay ofrecía un reconocimiento simple de una fantasía completamente tabú que se consideraba públicamente en línea con la pedofilia o el incesto. ¡Así de degradada estaba la homosexualidad en ese momento!”, destacó. Es más, “para una generación de hombres homosexuales que nunca vieron el más mínimo atisbo de dos hombres haciendo algo romántico, ver pornografía reflejaba un deseo profundamente reprimido”.

Para llevar a cabo su proyecto audiovisual la directora se enfrentó a todo tipo de dificultades, que comenzaron con la falta de estética cinematográfica de la tienda, porque “mis padres nunca fueron buenos organizando. El área posterior de la tienda parecía un desastre, y pintaron la tienda tal vez una vez en treinta años”. Pero tampoco fue fácil encontrar testimonios de la época, por culpa de los estragos que causó el SIDA en los años 80. Sin embargo, contó con un personaje que no se prodiga en las entrevistas, Larry Flint, que accedió a ser entrevistado porque “había admirado a mis padres durante mucho tiempo”.

Circus of Books cuenta entre sus productores con el conocido creador y director Ryan Murphy (American Horror Story, Feud, Hollywood), que llegó al proyecto de la mano del agente de ventas de Rachel, Josh Baun. “Cuando conocí a Ryan”, explicó la directora, “dijo más o menos lo que otras personas de su generación habían dicho, que la tienda era realmente importante para él cuando llegó a Los Ángeles como hombre gay y que estaba contento de que estuviéramos vinculando la historia de la comunidad gay a Circus of Books. ¡Se sorprendió al descubrir que la tienda se remonta a una familia heterosexual con una madre religiosa!”. “Independientemente de lo que esté haciendo por mi película”, aclaró, “estoy agradecida de que esté defendiéndola, ya que no hay muchas personas en ese nivel, en Hollywood o en otros lugares, que están haciendo saber que los derechos de los homosexuales son muy importantes al hablar de la historia de los homosexuales”.

Una historia de la que forma parte la crisis del SIDA, un momento en el que, para Rachel, “mis padres se convirtieron en padres sustitutos de una generación que no tenía padres”. “Mis padres eran simplemente esta pareja judía normal que al final estaba allí, y quería destacar esa sección de la película de la manera más profunda posible”, reconoció. “Me disgusta la gente que utiliza el término ‘OK Boomer’. Si tuvieran alguna idea de por qué lucharon y murieron estas personas, serían más respetuosos”, dijo antes de añadir que “no conocemos muchas de sus historias porque había mucha vergüenza, condena y exclusión. Necesitamos desenterrar estas historias no contadas y preservar la historia”.